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Un mes completo de vacaciones por delante. Unos diréis, ¡qué suerte!. Pero para mi es un poco faena, preferiría tenerlas más espaciadas y separadas. Y claro, estos días hay que ocuparlos. La primera quincena estaba resuelta, coincidía con Bea, así que una semanita en Cantabria descubriendo y redescubriendo sus maravillas, y otra semanita en la Costa da morte, un descubrimiento por todo. Eso sí, en lata, y en plan turístico 100%. Como tenía muchas ganas de hacer kilómetros en moto, y me quedaban unos cuantos días, y ya que las alternativas de compartir este viajecillo, u otro, con alguno de los colegas, se habían ido esfumando según se acercaba el verano, pues tuve que montármelo sólo.

En orden de marcha.

Entonces brotó en mi cabecita la estúpida idea (podría haber sido cualquier otra, o buscar cualquier otra excusa) de atravesar la península de oeste a este. Y para ello me tracé una ruta que primero me llevó a Fisterra, y luego, atravesando por debajo de los Picos de Europa, y subiendo a Pirineos, a Cadaqués y el Cap de Creus. Al final 5 días, y 3414 kilómetros, con montones de curvas, paisajes impresionantes, vacas, caballos, rapaces, lluvia, incendios, etc..

El primer día. Méntrida-Ourense 732km. Aproximadamente 8 horas y media en la moto.

Puente Requejo.
Hasta el Barco de Ávila, carreteras conocidas, por ser de las que más frecuento los fines de semana. La llegada a Bejar no está mal, y según me aproximo a la Sierra de Francia, la cosa se pone divertida. Todo muy bonito, con poco tráfico, y curvitas. A pocos kilómetros de Ciudad Rodrigo la recta de la meseta nos invade, y estos tramos se hacen aburridos. Hasta Ledesma no vuelve a haber carreteras divertidas. De destacar el puente de Requejo, o de Pino que une las dos orillas del Duero, y los tramos antes y después de éste.

En Villar de Ciervo pillo la N-525 y hasta Ourense, con algo de autovía al final.

Hotel Orense.

Lo más duro fue al medio día, donde el cansancio sí se hizo notar, pero después de este bajón de algo menos de una hora, las cosas continuaron bien, cansado, pero sin ser duro.

El segundo día. Ourense-Fisterra-Ponferrada. Unos 540km. Y unas 8 horas en moto. Hacía Finisterre, para comenzar el viaje. Para salir de Ourense, y hasta pocos kilómetros antes de Santiago, algo de autovía. Tengo que salirme a la media hora, para colocarme el chubasquero, que amenaza agua. Pillo para Negreira y Baiñas.

Familiar...

Primer incidente del viaje. Creo que he colocado mal una de las fundas impermeables de las alforjas, la he dejado demasiado holgada , y del viento se ha abierto la costura. Pero gracias a santa “cinta americana” el tema queda en eso, un pequeño incidente. Llevad siempre un rollo encima, sirve tanto para un apaño de estos como si tienes que secuestrar, inmovilizar y amordazar a alguien. Al cabo de Fisterra, sin sobresaltos, eso sí, con algo de tráfico.

Fisterra.

La fotillo de turno, y a tirar millas para Lalín. Dirección Chantada y Monforte, donde cojo la N-120, que se muestra como una carretera con unas vistas impresionantes. Siguiendo casi todo el rato el curso del Sil. Al norte se adivina alguno de los incendios de estos días.

El Sil

En Ponferrada un hotelito algo mejor que el del día anterior, y me quedan ganas para dar un paseíto por la ciudad, que en su casco antiguo no desmerece, y que me hace cambiar mi idea de ciudad sosa que tenía. Destaca el castillo de los templarios.

Ponferada.

El tercer día. Ponferrada-Tudela, 599km. Salir de Ponferrada costó, siempre cuesta salir de estas ciudades, si no las conoces.Aunque una vez en la Le-460, se olvidó rapidillo. El Bierzo. Carretera que une pueblos mineros, muy bonita, pero que no pude disfrutar del todo. Eran las primeras horas de la mañana, todavía con el sol muy bajo, y a mis ojos, los claros y sombras repentinos no es lo que más les va, y menos en carreteras de este tipo, con muchas curvitas y rasantes desconocidos.

Me suena una foto muy parecida de John y Oscar.

 

 

 

Después la Cl-626, que también está francamente hasta Guardo. A partir de ahí, un poco suplicio, entre el fuerte viento, la amenaza de lluvia, y las rectas interminables, la cosa se va haciendo larga. Por todo esto, en Aguilar de Campoó en vez de seguir el plan inicial, que era “ratonear” por carreterillas provinciales, es decir, seguir la tendencia natural hacia el este, decido bajar hasta Burgos, para subir a Miranda, por la N-1, y de ahí, vuelvo a bajar hacia Logroño y desde allí a Tudela. El tránsito por La Rioja, habrá que disfrutarlo con más tiempo, porque se adivina una región con muchas cosas que mostrar. Y el hotel, normalillo, de tres estrellas, y apartado del centro, que llegué bastante petado del trajín de viento, sobre todo, y no me apetecía hacer “turismo”.

El cuarto día. Tudela-Jaca-Puigcerdá. 512km. Hoy gran día en lo que se refiere a la ruta. Menos no se puede esperar estando por Pirineos. A primerita hora, paso por Ejea de los Caballeros, que enseña alguna construcción interesante en su travesía. Hasta llegar a Erla no ha empezado lo bueno (este tramo, hasta Puente la reina de Jaca lo había hecho en 2007 con Miguelito, pero en sentido contrario). Primero carreteritas comarcales, estrechitas, sin arcén, con asfalto en condiciones mejorables, pero ciclable 100%. Y frecuentado por los moteros de la zona, me crucé y me pasaron unos cuantos (entre ellos una Multiestrada de las nuevas que vi echando sopa en Tudela). Estuve tentado de seguir el ritmo de este grupillo, pero la tentación me duró 20 metros.

El Gállego.

Llego a Ayerbe, y empieza la A-132, que debería conocer todo motero que se precie. Siguiendo el curso del río Gállego, nos lleva hasta cerca de Jaca. Por supuesto, destacar los Mayos de Riglos, y las vistas del río y presas aledañas, con esa agua verde característica De Jaca bajo para Sabiñánigo, y de allí, por la N-260 ¡¡grande carretera, grande!!, ¡¡Impresionante!! Todo tipo de curvas, de asfaltos, de anchos, y PAISAJES .

La Lola.

Las últimas dos horas bajo la lluvía, y en alguno de los puertos que pasé, con mucho tiento, parecía el Tarrés haciendo zonas (ahí os quiero ver, en una curva de más de 180º, en bajada pronunciada, jarreando, y con la moto cargada). Pero lo dicho, tranquilito, y con buena letra, se consiguió sin incidentes . El chubasquero no caló, pero voy a tener que ir mirando alternativas, porque éste no es muy cómodo para llevar encima del mono, y voy un poco apretadito, lo que me reduce movilidad. Los guantes calaron, pero son los de verano (llevaba los de invierno, pero como la temperatura era agradable no me molestó el agua) y hasta Puigcerdá, donde me metí en el primer hotel que se ve según llegas, donde el recepcionista era motero, y alternamos un poquito. Seguía lloviendo, y lo hizo durante buena parte de la noche.

Secando los guantes.

Y el quinto día, y para rematar faena, Puigcerdá-Cap de Creus-Méntrida, 1031km. Y desde las 9:00h a las 22:40h en la moto. Al final del tirón, lo que pensaba hacer en dos jornadas. Todos me habéis dicho que demasiados kilómetros, que ¿por qué?, que ¡qué locura!. Pero no hay explicación lógica. Sólo que cuando tenía pensado parar, vi que eran las 18h, que me quedaban menos de 450km para llegar, y que dije, ¡¡qué carajo!! Por supuesto, cansado y machacante fue, pero no hice ningún kilómetro en malas condiciones físicas o forzando la máquina. Eso sí, la mano del acelerados, con unos callos de foto, y las rodillas un poquito tocadas (que dos días de pachorra y pisci curaron sin secuelas) Al tema. La salida de Puigcerdá, con niebla, y viendo que había que subir, pues salgo con configuración invernal. Continuo por la N-260, y toca subir la collada de Tosas. Este tramo, hasta Ripoll, lo mejor del día, con mucha diferencia.

Subiendo a collada de Tosas.

Niebla, curvas, asfalto mojado, vacas, rapaces rondando, pero de nuevo, paisajes impresionantes. A mitad de subida, me quito los guantes gordos, para disfrutar más del trazado, viendo que la lluvia no termina de decidirse a dar la lata. Llegando al alto, empiezo a ver alguna motillo que se aventura en sentido contrario, y bajando me pasa una R1200GS (este año siguen regalándolas con la Mirinda de 2 litros) y me demuestra que en mojado se puede ir bastante más rápido. En Besalú, me quito el plástico, ya que parece que nos respetan las nubes, aunque, y sobre todo en esa parte de Gerona, me tocó rezar alguna vez para que no cayera lo que se adivinaba por encima del casco. A partir de Figueras, un infierno, de tráfico, y ritmo lento, y es donde me hacen las dos únicas pirulas de todo el viaje, una de ellas está a punto de lanzarme contra una mediana de cemento. La carretera que nos lleva a Cadaqués es preciosa, y con un trazado muy chulo, pero saturada de todo tipo de tráfico (aunque a la vuelta la disfruté al estar más despejada) A eso de las 13h., llego al Cap de Creus., saco las fotos pertinentes, un guiri le lanza una perla a la Lola, y colocó bien el equipaje, que llevaba con él en condiciones precarias unos 50km.

¡Ups, un poco torcido!

 

 

Comienzo la vuelta. Viendo el tráfico de veraneantes y domingueros que hay por esa zona, tomo la vía rápida para salir de allí, la N-II hasta Gerona, y posteriormente la C-25 hasta Lleida.

Cap de Creus.

A la altura de Lleida es donde decido “plegar” para casa, y tirar de autovía, para hacerlo más rápido. Hasta Fraga autovía, de ahí hasta Alfajarín, N-II, y desde allí A-2 hasta Madrid y lo conocido hasta casa. Paradas cada 150/200km en esta última parte, para que fuera soportable. Como dije, llegada la las once menos veinte, después de más de mil kilómetros.

Fer petao.
  • Primer día:

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  • Segundo día:

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  • Tercer día:

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  • Cuarto día:

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  • Quinto día:

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