Cuando la firma bávara presentó su primera motocicleta, la R32, en 1923, había nacido una máquina refinada, fiable y elegante pero también bastante lenta. Apenas dos años después llegó un modelo que lo cambiaría todo del que se fabricarían muy pocas unidades a un elevado precio y, sobre todo, mucho más rápida. La R37 fue la primera moto de Múnich pensada para ganar carreras, y sentó las bases de varias décadas de dominio deportivo.
La R32 había demostrado que el concepto del motor bóxer funcionaba. Aquel bicilíndrico de cilindros opuestos, montado de forma transversal y con transmisión por cardán, ofrecía suavidad y fiabilidad, pero sus 8,5 CV se quedaban cortos para cualquiera que quisiera correr. En la dirección técnica lo tenían claro: si la marca quería ganar prestigio, tenía que hacerlo en los circuitos.
El reto consistía en extraer mucha más potencia de aquel propulsor de 494 cc sin rediseñarlo por completo. Y la solución no pasaba por agrandar el motor, sino por dejarlo respirar mejor.
El encargado de la tarea fue Rudolf Schleicher, ingeniero y piloto aficionado que se había incorporado a la empresa en 1923. Su idea fue tan sencilla como brillante: sustituir la culata de válvulas laterales por una de válvulas en cabeza (OHV), fabricada en aleación ligera sobre un cilindro de acero.
El cambio resultó determinante. Con una mejor disposición de las válvulas, una carburación de 26 mm y una relación de compresión elevada hasta 6,2:1, el bóxer pasó de 8,5 a 16 CV a 4.000 rpm. Prácticamente el doble de potencia con la misma cilindrada. Aquella culata de aluminio, además, disipaba mejor el calor y anticipaba una solución que el resto de la industria tardaría años en generalizar.
El chasis y la transmisión apenas cambiaron respecto a la R32. El bastidor seguía siendo de doble cuna tubular en acero, sin suspensión trasera más allá del sillín montado sobre muelle. Delante, una horquilla de bieletas con ballesta se encargaba de filtrar las irregularidades del firme.
Sí hubo una mejora notable en la frenada. Mientras la primera serie de la R32 circulaba sin freno delantero, la R37 estrenó un tambor de 150 mm en la rueda delantera, con un freno de patín sobre la trasera. La caja mantenía las tres velocidades y la transmisión secundaria por cardán, una seña de identidad de la casa desde el primer día.
Con todo ello, la moto rozaba los 115 km/h, una cifra más que respetable para mediados de los años veinte que la situaba entre las más rápidas de su tiempo.
Los resultados no tardaron en llegar. Franz Bieber se proclamó campeón de Alemania en 1924 a los mandos de esta máquina, el primer gran título para la marca. A partir de ahí, las BMW derivadas de este modelo dominaron por completo el Campeonato alemán en la categoría de 500 cc entre 1924 y 1929.
El propio ingeniero que había firmado el motor demostró su valía sobre dos ruedas. En 1926 conquistó una medalla de oro en los Seis Días Internacionales (ISDT) celebrados en Gran Bretaña, una de las pruebas más exigentes del calendario. Aquel bóxer deportivo se convirtió, de hecho, en la base sobre la que se desarrollarían los posteriores propulsores sobrealimentados con los que Ernst Henne batiría récords mundiales de velocidad al final de la década.
Toda esa tecnología tenía un coste. La R37 se vendía por 2.900 Reichsmarks, alrededor de un 30 % más que la R32, lo que la reservaba a unos pocos. Para ponerlo en contexto, aquella cifra equivaldría hoy a unos 13.600 €, aplicando los factores de poder adquisitivo que publica el banco central alemán. No sorprende, por tanto, que solo se fabricaran 152 unidades.
Esa escasez, unida a su peso histórico, explica por qué hoy es una de las BMW antiguas más codiciadas por coleccionistas y museos. Encontrar una en buen estado es casi una rareza.
Más allá de las cifras, la verdadera aportación de este modelo fue colocar a una marca todavía joven en el mapa internacional de la competición. Lo que empezó como un ejercicio para ganar potencia acabó definiendo el carácter deportivo de la firma durante décadas.
La arquitectura del bóxer con válvulas en cabeza que estrenó esta deportiva siguió evolucionando hasta convertirse en el corazón de modelos legendarios. Y la filosofía que la inspiró, fiabilidad alemana al servicio de las prestaciones, sigue reconociéndose en las Motorrad actuales.
| Motor | Bicilíndrico bóxer de 4 tiempos, refrigerado por aire |
|---|---|
| Distribución | Válvulas en cabeza (OHV), culata de aleación ligera |
| Cilindrada | 494 cc |
| Diámetro x carrera | 68 x 68 mm |
| Rel. de compresión | 6,2:1 |
| Potencia | 16 CV a 4.000 rpm |
| Carburación | 26 mm |
| Transmisión | Cambio de 3 velocidades, secundaria por cardán |
| Bastidor | Doble cuna tubular de acero |
| Suspensión delantera | Horquilla de bieletas con ballesta |
| Suspensión trasera | Rígida, con sillín suspendido |
| Freno delantero | Tambor de 150 mm |
| Freno trasero | De patín |
| Velocidad máxima | 115 km/h aprox. |
| Producción | 1925-1926 |
| Unidades fabricadas | 152 |
| Precio de lanzamiento | 2.900 Reichsmarks (unos 13.600 € actuales) |
Sobre todo su motor. Compartían cilindrada (494 cc) y buena parte de la mecánica, pero la deportiva estrenó una culata de válvulas en cabeza de aleación ligera que duplicó la potencia hasta los 16 CV.
Solo 152, lo que la convierte en uno de los modelos más escasos y buscados de los primeros años de la marca.
El ingeniero y piloto Rudolf Schleicher, que se había unido a la empresa en 1923. Suya fue la idea de adoptar las válvulas en cabeza con culata de aluminio.
En torno a 115 km/h, una marca sobresaliente para mediados de los años veinte.
Fue la primera moto deportiva de la firma y la base de las máquinas con las que dominó el Campeonato alemán de 500 cc entre 1924 y 1929, además de abrir el camino a los récords de velocidad posteriores.
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