- ¡Por amor de Dios! - suplica el limosnero- ¡Una caridad para este infeliz ciego que está privado del placer más grande que los hombres pueden disfrutar!..
- ¡Ay pobreciiiito! - dice la viejita al limosnero con voz de infinita compasión. - ¿Esta usted castradito?...