Re: ME MUERO PORQUE OS ENTREGUEN LA R 1200 GS A TO
Pijo, con lo que a mí me gusta Murcia, envidia de Murcia sí que tengo

y como prueba de ello te dejo aquí un escrito que salió publicado en Solomoto30, hará cosa de un año:
El grupo homogéneo y uno más...
...¿ O debería decir dos ?: Bièligues... y la lluvia.
Nunca he creído en los héroes al uso, me refiero a esos que se erigen como adalides de las causas perdidas, y que arriesgan todo, incluso la vida, inconscientemente, por su momento de gloria. Siempre he pensado que hay mucho de vanidoso en estos personajes, que tras la careta de salvapatrias, en demasiadas ocasiones, se esconde un simple mortal con cierta necesidad de reconocimiento.
A mí, los héroes que me fascinan, son aquellos hombres y mujeres corrientes, anónimos pero capaces, por aprecio, lealtad y tolerancia hacia los demás, de respetar en silencio, el compromiso aceptado, contra viento y marea, de asumir la decisión democrática de una mayoría. Me refiero a hombres como Biel Picornell, con el arrojo necesario como para bajarse de un tractor desde el sosiego agrícola de Can Garrit , y embarcarse en aventuras moteras de miles de kilómetros en compañía de cuatro maravillosos inconscientes, casi diría que medio locos, y a pesar de todo ello, salir del lance incólume; sin rasguños, aunque eso sí, también sin palabras.
Tal vez no debimos continuar, lo más prudente hubiera sido parar. La lluvia, la noche, la autovía atorada, camiones por doquier...¡ Dios bendito !, hasta mi buen amigo Cardalda se hubiera detenido ante la lluvia torrencial que se nos echó encima a 80 kilómetros de Murcia, él, que como siempre dice, si no tuviese que rodar lloviendo, por su amada Galicia, simplemente no rodaría.
Aquello daba miedo, lo reconozco ahora, y lo reconocí para mis adentros mientras me tragaba las salpicaduras del trailer, que me precedió durante más de 50 kilómetros sin posibilidad de adelantarlo. ¿ Miedo he dicho ?, aquello fue de terror, llegué a confundir el guardarrail de la autovía con las garras de Fredie Krueger... pero salió bien, podría habernos costado un disgusto, y casi nos costó una amistad, pero superamos la prueba, aprobamos justito, pero llegamos de una pieza.
La sensatez estaba del lado de la minoría, 1 contra 4, y triunfó la temeridad. Llegar a Murcia, fue como irrumpir en el Paraíso: por fin vimos luces, el temporal estaba amainando y la efigie de lucifer se esfumaba a lo lejos, ahí detrás, donde minutos antes sólo había infierno. Que todos entrásemos en Murcia montados en moto, amigos míos, no nos engañemos, fue una suerte, por no exagerar y decir que fue un milagro. Bendita Murcia que nos arropó y nos denegó la entrada en ambulancia, y maldito silencio que se adueñó, después, de nuestras almas.
-Mi querido Miquel: desde luego que se hubiera estado mejor frente a la chimenea, junto al fiel perro pastor, braseando longaniza, y charlando de combustibles nucleares, pero no era el lugar, ni el momento. Con Matias a punto de perder un dedo por congelación, el Rater chorreando como un pulpo, Biel taciturno, acurrucado en un solitario escalón de la Audi, y yo más blanco que la cal, mojado hasta los pelos de las orejas, y ciscándome en el condenado momento en el que decidimos no torcer hacia la derecha y evitar la hecatombe.
Decididamente no era el momento, pero ya estábamos a salvo, y acabamos riendo, riéndonos de nosotros y de nuestra chapoteante aventura. Acabamos como empezamos, como lo que somos, ni más ni menos que cinco amigos moteros, con ganas de muchos kilómetros, e inapetencia total de rencores. ¡ Gracias compañeros!
Ves como voy de buen rollo ?
