ovejanegra
Curveando
"La vida es lo que ocurre mientras hacemos otros planes". John Lennon.
En los viajes uno prepara, planifica, prevé, organiza, reserva, traza... y luego viene la realidad y te pone en tu sitio. La distancia entre lo que uno ha preparado y lo que hace al final, algunas veces pone en duda la existencia del libre albedrío. A veces el destino te arrincona contra la pared y te dicta lo que tienes que hacer. Y calladito y sin rechistar.
Hace unos meses tuve la "genial" idea de preparar una máquina de 16 años y 80.000 km para viajar. A ver, la moto está bien y la uso habitualmente porque yo soy así, me gustan las motos viejas. Me gasté un dinero en maletas y parrilla y planifiqué un viaje por España (tampoco hay que tentar demasiado a la suerte) de casi 3.000 km. Una buena ruta que recorría todo el norte en siete noches y ocho días.
Para esta ruta lié a un buen amigo compañero de fatigas en varias aventuras y usuario de este foro. Él me dio la idea del trazado y de este hilo, también de su título. Es el motorista con el mayor kilometraje anual que conozco (entre 40.000 y 50.000 al año, su Kawa Z900RS tiene actualmente 230.000 km) y un excelente piloto (mucho mejor que yo), de los que conducen con cabeza y mucho respeto.
Normalmente viajo siempre con bolsa o alforjas blandas, mis viajes son modestos y no requieren mucho más. Pero desde el último por Portugal, me cansé un poco de montar y desmontar y de preocuparme por la lluvia. Así que preparé concienzudamente el equipaje para hacer un buen viaje con mi moto vieja por primera vez con maletas y un único saco impermeable en la parrilla. Espacio de sobras y facilidad para quitar y poner. Totalmente estanco al agua. Creo que en mi vida había preparado una moto con tanto tiempo y tanto cuidado para un viaje. Yo soy más de aquí te pillo, aquí te mato, cojo una bolsa, la ato a la moto y hala, a lo que salga. Pero esta vez quise hacer las cosas bien.
¿Qué es lo que pasó?
Fácil y probable tratándose de una abuelita de 2010. Después de hacerle frenos y revisarla, me fui a dar una vuelta para comprobar que todo estaba en orden. La dejé en el garaje hasta el día antes de la partida, en el que fui a cargarla.
Y entonces lo vi.
Un charco de aceite en el lado derecho como una bofetada en la cara. Enseguida supe que la moto había terminado el viaje antes de empezar. ¿Qué carajo le había pasado?? Comprobé que la tapa del embrague estaba pringada y goteando desde arriba. La moto perdía aceite... ¡por la leva del embrague, la joía!!
Y perdía bastante porque una vez limpia y circulando hasta el garaje, volvía a gotear. Maldición.
El cerebro a mil, mi plan de ir de viaje como un señor y con el equipaje a salvo del agua se había ido al carajo en minutos. Solo quedaba cancelar (imposible, todo reservado y algunos hoteles pagados) o cambiar rápidamente de moto y trasladar el equipaje. Eran las 20:00 y al día siguiente salíamos. Como uno ya tiene cierto bagaje en esto de los viajes pachangueros, enseguida fui a buscar mi bolsa SW Motech Cargobag y rápidamente hice un transplante de equipaje a bolsa abierta. Comprobé que la RS estaba más o menos bien de todo (suerte que la cuido) y no quedó más que volver a viajar como el aficionadillo que soy. Adiós al viajero medianamente preparado y experimentado. Uno no puede escapar de lo que es.
Finalmente el viaje salió muy bien y disfrutamos de paisajes espectaculares, carreteras inolvidables, buena compañía y 2.850 km de ruta. ¡Y no llovió...!
Pues de esto va el post y la vida: de los imprevistos que destrozan nuestros planes en los viajes y los convierten en algo muy distinto a lo imaginado, muchas veces mejor, otras no tanto. En este caso, por ejemplo, finalmente los dos fuimos con la misma moto...
¿Imprevistos en los viajes...?
En los viajes uno prepara, planifica, prevé, organiza, reserva, traza... y luego viene la realidad y te pone en tu sitio. La distancia entre lo que uno ha preparado y lo que hace al final, algunas veces pone en duda la existencia del libre albedrío. A veces el destino te arrincona contra la pared y te dicta lo que tienes que hacer. Y calladito y sin rechistar.
Hace unos meses tuve la "genial" idea de preparar una máquina de 16 años y 80.000 km para viajar. A ver, la moto está bien y la uso habitualmente porque yo soy así, me gustan las motos viejas. Me gasté un dinero en maletas y parrilla y planifiqué un viaje por España (tampoco hay que tentar demasiado a la suerte) de casi 3.000 km. Una buena ruta que recorría todo el norte en siete noches y ocho días.
Para esta ruta lié a un buen amigo compañero de fatigas en varias aventuras y usuario de este foro. Él me dio la idea del trazado y de este hilo, también de su título. Es el motorista con el mayor kilometraje anual que conozco (entre 40.000 y 50.000 al año, su Kawa Z900RS tiene actualmente 230.000 km) y un excelente piloto (mucho mejor que yo), de los que conducen con cabeza y mucho respeto.
Normalmente viajo siempre con bolsa o alforjas blandas, mis viajes son modestos y no requieren mucho más. Pero desde el último por Portugal, me cansé un poco de montar y desmontar y de preocuparme por la lluvia. Así que preparé concienzudamente el equipaje para hacer un buen viaje con mi moto vieja por primera vez con maletas y un único saco impermeable en la parrilla. Espacio de sobras y facilidad para quitar y poner. Totalmente estanco al agua. Creo que en mi vida había preparado una moto con tanto tiempo y tanto cuidado para un viaje. Yo soy más de aquí te pillo, aquí te mato, cojo una bolsa, la ato a la moto y hala, a lo que salga. Pero esta vez quise hacer las cosas bien.
¿Qué es lo que pasó?
Fácil y probable tratándose de una abuelita de 2010. Después de hacerle frenos y revisarla, me fui a dar una vuelta para comprobar que todo estaba en orden. La dejé en el garaje hasta el día antes de la partida, en el que fui a cargarla.
Y entonces lo vi.
Un charco de aceite en el lado derecho como una bofetada en la cara. Enseguida supe que la moto había terminado el viaje antes de empezar. ¿Qué carajo le había pasado?? Comprobé que la tapa del embrague estaba pringada y goteando desde arriba. La moto perdía aceite... ¡por la leva del embrague, la joía!!
El cerebro a mil, mi plan de ir de viaje como un señor y con el equipaje a salvo del agua se había ido al carajo en minutos. Solo quedaba cancelar (imposible, todo reservado y algunos hoteles pagados) o cambiar rápidamente de moto y trasladar el equipaje. Eran las 20:00 y al día siguiente salíamos. Como uno ya tiene cierto bagaje en esto de los viajes pachangueros, enseguida fui a buscar mi bolsa SW Motech Cargobag y rápidamente hice un transplante de equipaje a bolsa abierta. Comprobé que la RS estaba más o menos bien de todo (suerte que la cuido) y no quedó más que volver a viajar como el aficionadillo que soy. Adiós al viajero medianamente preparado y experimentado. Uno no puede escapar de lo que es.
Finalmente el viaje salió muy bien y disfrutamos de paisajes espectaculares, carreteras inolvidables, buena compañía y 2.850 km de ruta. ¡Y no llovió...!
Pues de esto va el post y la vida: de los imprevistos que destrozan nuestros planes en los viajes y los convierten en algo muy distinto a lo imaginado, muchas veces mejor, otras no tanto. En este caso, por ejemplo, finalmente los dos fuimos con la misma moto...
¿Imprevistos en los viajes...?
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