Pues viendo todos los comentarios, dedico una lineas a mi impresion sobre el evento:
La primera concentración a la que asistimos, y esta ha sido de los de sabor agridulce: momentos muy buenos, y un par de cosas que nos dejaron con cara de casco recién quitado.
Empecemos por lo bueno, que lo hay y mucho. El brunch durante la ruta fue un acierto total — parar las máquinas, estirar las piernas y reponer fuerzas a mitad de camino es de esas decisiones que se aplauden con los guantes puestos. En la comida el ambiente fue el de siempre — es decir, el mejor — y en conjunto se nota que hay gente que se deja la piel para que esto salga bien. Chapeau. De ahi envio saludos a unos nuevos amigos: Emilio, Jesus y Jesus.
La ruta en sí estuvo correcta, se rodó bien, pero en mi opinión, le faltó ese punto de paisaje que te hace parar la moto, quitarte el casco y quedarte mirando, supongo que soy mas lowrider...y me gusta ir parando y haciendo fotos
El hotel... mejor no profundizar demasiado. Digamos que ha conocido mejores épocas y que la estrella más brillante del establecimiento era la salida de emergencias. Para una concentración de este nivel, de ese presupuesto y viendo las fotos de su web, supongo que teniamos demasiado altas las expectativas

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Y luego estuvo lo de la cena de gala y el sorteo. Comentar por aquí que por cuestiones laborales, ese fin de semana estaba de guardia, pese a ello no me quise perder la concentración.
IMPORTANTE: El dia de la cena de gala, a las 21:00 cuando ya estábamos preparados para bajar, me avisaron de un problema que requirió que me conectara para solucionarlo, por lo que al final, mi mujer y yo acabamos llegando al comedor a las 21:45, 15 minutos aprox mas tarde de la hora indicada 21:30.
Llegamos al salón, vimos que ya se estaban cambiando platos, el resto ya estaba cenando, y nos quedamos de pie como postes ..... mientras D3mio estaba hablando, nos quedamos de pie, mirándonos las caras. Ni una silla, ni un «bienvenidos», ni un «ahora mismo os acomodamos». Nada. Simple y llanamente ignorados en nuestra propia concentración, con el olor a comida en la nariz y sin que nadie fuera capaz de invitarnos a sentarnos. La escena tenía mucho de película del oeste — solo faltaba la música de Morricone. Perderse el sorteo por falta de organización en el momento clave es lo que más duele, porque todo lo demás estaba funcionando.
Así que nos dimos la vuelta y nos fuimos a disfrutar de las tapas en la noche Granaína.
Un poco desafortunado, la verdad.
En resumen: concentración con mucho potencial y buenas bases. Con un hotel digno, una ruta con más paisaje y un poco más de atención en la gestión de la cena, esto sería redondo. Volveremos, porque la llama motera no se apaga por un mal rato — pero esperamos que el año que viene se tomen nota.