juaniyo73
Acelerando
Esta Semana Santa he subido con la parienta a Puigcerdà. Mi primera salida de varios días con la F800R. Quería hacer curvas y desconectar un poco. Y, todo hay que decirlo, acercarme a Andorra a comprar algunas cosillas para la moto.
Subí algo justo de espacio, ya que sólo llevaba las maletars laterales originales de BMW y una pequeña sobredepósito. La idea era pillarme el Givi Maxia de 55l en Andorra.
A eso fuimos. El sábado por la mañana fuimos de Puigcerdà a Andorra, por detrás, pasando por Porté-Puymorens y Envalira (quería pasar por Pas de la Casa a ver si tenían un Tom Tom Rider, pero no). El paisaje era fabuloso. Todo nevado y blanco. Buen día, sol espectacular, aunque frío (en Envalira estábamos a -3ºC).
Después de dar unas vueltas por las tiendas de Andorra, llegamos a Motocard, donde preguntamos por el Maxia. Y lo tenían, en acabado Tech, y con todos los accesorios que queríamos. La parrilla E250, la bolsa interior, el juego de luces de freno y el respaldo para el pasajero. Lo encargamos todo (unos 300€) y la chica que nos atendió nos comentó que el mecánico estaba allí mismo y que, si queríamos, nos lo montaba (pagando una hora de técnico). Sabiendo que la parrilla necesita tornillos más largos que los originales y que serían difíciles de conseguir, accedimos encantados. Después de comer el técnico lo montaría y podríamos marchar de vuelta a Puigcerdà, con nuestro topcase nuevecito.
A última hora de la tarde había previsión de lluvias y alguna nevada en altura, pero tarde, sobre las 20h o así. A esa hora ya estaríamos en el hotel viendo el fútbol.
Cuando acabamos de comer volvimos a Motocard. Lucía un sol espléndido. Hablamos con el mecánico y le dijimos lo que queríamos y nos comentó que tenía experiencia montando ese topcase con esa parrilla y que lo dejaría estupendo. Media hora o así.
Mientras tanto, deambulamos por la tienda, y compramos un par de pinlocks tintados (gran invento, lo recomiendo) y yo acabé decidiéndome a cambiar mi Marushin de carbono (me hacía daño) por un Shoei Qwest como el de la parienta. El Shoei es más ruidoso y pesado, pero es más cómodo, no me hace daño y ventila mejor.
Fueron pasando los minutos y las horas... y el topcase sin montar. Las 17h, las 18h... El mecánico nos comenta que ha tenido que montarlo dos veces porque una de las luces de freno no iba. El caso es que se retrasaba y el cielo se empezaba a nublar. A las 19h estaba negro y, por fin, a las 20h estaba todo listo. Tardó lo suyo, pero lo dejó niquelado. La instalación de cables está perfecta, igual que la parrilla.
Lo malo es que era tardísimo y empezaba a lloviznar en Andorra. En el momento de iniciar el regreso, sólo pensé en los atascos que se suelen formar a la salida/entrada del principado y volví a tomar la puerta trasera (Envalira/Pas de la Casa/Porté-Puymorens) para llegar a Puigcerdà.
Con el paso de los minutos y los km comprendí mi gran error.
A la altura de Canillo nos empezó a nevar. Estábamos a 2ºC y el termómetro desplomándose. Antes de llegar a El Tarter, un poco más arriba, empezó a arreciar el aire y en Soldeu, apenas ya se veía nada gracias a una espesa niebla. Os podéis imaginar el cuadro: dos locos montados en una F800R, con maletas y enorme topcase, a merced del viento, la nieve y la niebla. Gracias que llevaba un coche delante podría ver por dónde circular. Sólo veía sus luces rojas. Llevaba la visera abierta, porque cerrada me tapaba todo, entre el empañamiento y la nieve que se adhería. Pero llevarla abierta significaba clavarme unos copos de nieve que parecían agujas.
Como pude, y a unos -3ºC, coroné Envalira y empecé el descenso hacia Francia. En la frontera francesa, un simpático gendarme nos debió ver cara de traficantes y nos invitó amablemente a parar la moto y enseñarle todo el alcohol y tabaco que llevábamos en las maletas.
Yo pensaba que me paraba por mi seguridad y que no me dejaría continuar nuestro viaje en esas condiciones (no se lo hubiera podido reprochar, la verdad). Pero no, sólo buscaba material de contrabando. No os imáginais lo agradable que me resultó bajar de la moto, buscar las llaves del topcase nuevo con las manos totalmente congeladas y abrirlo para que el gendarme se quedara tranquilo.
En fin, todavía nos quedaba enlazar con Porté-Puymorens y descenderlo. Esta vez sin coche delante. Calculo que la visibilidad llegaría no más allá de 5-10m (no exagero) y con la nieve en los ojos, ni eso. Fui descendiendo a paso de tortuga y tomando como podía las curvas.
Afortunadamente, llevábamos nuestros trajes Rukka y no tuvimos ni frío ni agua en el cuerpo (no así en las manos y pies, que iban al punto de la congelación) a pesar de no llevar debajo nada más que una camiseta térmica del Decathlon.
Cada curva del descenso nos acercaba un poquito más a nuestra salvación y nos alejaba de las dantescas condiciones meteorológicas. Lo primero que desapareció fue la niebla. Con eso ya respiré tranquilo, porque podía, al menos, ver la carretera y los precipicios. Finalmente, llegando al pueblo de Porté-Puymorens, la nieve dio paso a la lluvia y a temperaturas ligeramente sobre cero.
El resto de nuestro camino al hotel, fue. simplemente, frío. Nada más. Tiritando llegamos.
Como resumen diré que no me pienso volver a meter en una tormenta de nieve ni harto de vino. Una y no más. La lluvia y el frío, pase, pero el viento y la nieve juntos, bufff....
Llegamos sanos y salvos, y la efita (bautizada como Baldufa) también. Fríos, pero sanos. La moto, ni un extraño, ni un mal comportamiento, nada de nada. Un 10 para ella. Y otro para la parienta, que aguantó como una campeona y al día siguiente me pedía hacer la Collada de Toses.
Saludos
Subí algo justo de espacio, ya que sólo llevaba las maletars laterales originales de BMW y una pequeña sobredepósito. La idea era pillarme el Givi Maxia de 55l en Andorra.
A eso fuimos. El sábado por la mañana fuimos de Puigcerdà a Andorra, por detrás, pasando por Porté-Puymorens y Envalira (quería pasar por Pas de la Casa a ver si tenían un Tom Tom Rider, pero no). El paisaje era fabuloso. Todo nevado y blanco. Buen día, sol espectacular, aunque frío (en Envalira estábamos a -3ºC).
Después de dar unas vueltas por las tiendas de Andorra, llegamos a Motocard, donde preguntamos por el Maxia. Y lo tenían, en acabado Tech, y con todos los accesorios que queríamos. La parrilla E250, la bolsa interior, el juego de luces de freno y el respaldo para el pasajero. Lo encargamos todo (unos 300€) y la chica que nos atendió nos comentó que el mecánico estaba allí mismo y que, si queríamos, nos lo montaba (pagando una hora de técnico). Sabiendo que la parrilla necesita tornillos más largos que los originales y que serían difíciles de conseguir, accedimos encantados. Después de comer el técnico lo montaría y podríamos marchar de vuelta a Puigcerdà, con nuestro topcase nuevecito.
A última hora de la tarde había previsión de lluvias y alguna nevada en altura, pero tarde, sobre las 20h o así. A esa hora ya estaríamos en el hotel viendo el fútbol.
Cuando acabamos de comer volvimos a Motocard. Lucía un sol espléndido. Hablamos con el mecánico y le dijimos lo que queríamos y nos comentó que tenía experiencia montando ese topcase con esa parrilla y que lo dejaría estupendo. Media hora o así.
Mientras tanto, deambulamos por la tienda, y compramos un par de pinlocks tintados (gran invento, lo recomiendo) y yo acabé decidiéndome a cambiar mi Marushin de carbono (me hacía daño) por un Shoei Qwest como el de la parienta. El Shoei es más ruidoso y pesado, pero es más cómodo, no me hace daño y ventila mejor.
Fueron pasando los minutos y las horas... y el topcase sin montar. Las 17h, las 18h... El mecánico nos comenta que ha tenido que montarlo dos veces porque una de las luces de freno no iba. El caso es que se retrasaba y el cielo se empezaba a nublar. A las 19h estaba negro y, por fin, a las 20h estaba todo listo. Tardó lo suyo, pero lo dejó niquelado. La instalación de cables está perfecta, igual que la parrilla.
Lo malo es que era tardísimo y empezaba a lloviznar en Andorra. En el momento de iniciar el regreso, sólo pensé en los atascos que se suelen formar a la salida/entrada del principado y volví a tomar la puerta trasera (Envalira/Pas de la Casa/Porté-Puymorens) para llegar a Puigcerdà.
Con el paso de los minutos y los km comprendí mi gran error.
A la altura de Canillo nos empezó a nevar. Estábamos a 2ºC y el termómetro desplomándose. Antes de llegar a El Tarter, un poco más arriba, empezó a arreciar el aire y en Soldeu, apenas ya se veía nada gracias a una espesa niebla. Os podéis imaginar el cuadro: dos locos montados en una F800R, con maletas y enorme topcase, a merced del viento, la nieve y la niebla. Gracias que llevaba un coche delante podría ver por dónde circular. Sólo veía sus luces rojas. Llevaba la visera abierta, porque cerrada me tapaba todo, entre el empañamiento y la nieve que se adhería. Pero llevarla abierta significaba clavarme unos copos de nieve que parecían agujas.
Como pude, y a unos -3ºC, coroné Envalira y empecé el descenso hacia Francia. En la frontera francesa, un simpático gendarme nos debió ver cara de traficantes y nos invitó amablemente a parar la moto y enseñarle todo el alcohol y tabaco que llevábamos en las maletas.
Yo pensaba que me paraba por mi seguridad y que no me dejaría continuar nuestro viaje en esas condiciones (no se lo hubiera podido reprochar, la verdad). Pero no, sólo buscaba material de contrabando. No os imáginais lo agradable que me resultó bajar de la moto, buscar las llaves del topcase nuevo con las manos totalmente congeladas y abrirlo para que el gendarme se quedara tranquilo.
En fin, todavía nos quedaba enlazar con Porté-Puymorens y descenderlo. Esta vez sin coche delante. Calculo que la visibilidad llegaría no más allá de 5-10m (no exagero) y con la nieve en los ojos, ni eso. Fui descendiendo a paso de tortuga y tomando como podía las curvas.
Afortunadamente, llevábamos nuestros trajes Rukka y no tuvimos ni frío ni agua en el cuerpo (no así en las manos y pies, que iban al punto de la congelación) a pesar de no llevar debajo nada más que una camiseta térmica del Decathlon.
Cada curva del descenso nos acercaba un poquito más a nuestra salvación y nos alejaba de las dantescas condiciones meteorológicas. Lo primero que desapareció fue la niebla. Con eso ya respiré tranquilo, porque podía, al menos, ver la carretera y los precipicios. Finalmente, llegando al pueblo de Porté-Puymorens, la nieve dio paso a la lluvia y a temperaturas ligeramente sobre cero.
El resto de nuestro camino al hotel, fue. simplemente, frío. Nada más. Tiritando llegamos.
Como resumen diré que no me pienso volver a meter en una tormenta de nieve ni harto de vino. Una y no más. La lluvia y el frío, pase, pero el viento y la nieve juntos, bufff....
Llegamos sanos y salvos, y la efita (bautizada como Baldufa) también. Fríos, pero sanos. La moto, ni un extraño, ni un mal comportamiento, nada de nada. Un 10 para ella. Y otro para la parienta, que aguantó como una campeona y al día siguiente me pedía hacer la Collada de Toses.
Saludos