Conociendo a Naritus creo que hoy, aún desde la tristeza y la emoción que nos acompaña, a él le gustaría que lo recordásemos con una sonrisa.
Lo conocí cuando él era un niño, de 9 o 10 años, y yo era un adolescente de 16 o 17. Vivíamos en la misma urbanización, y él, por edad, estaba encuadrado en la misma “pandilla” que mi hermano menor. Cinco mil y una inocentes travesuras, de las que yo, reconozco, algunas veces fui el arquitecto o inductor. Está ya todo prescrito.
Os cuento una, estoy hablando de hace más de 40 años …
Decidieron, como toda buena pandilla, que tenían que construir una cabaña. Recopilaron madera de obras, y la levantaron en el solar contiguo a la casa de mis padres. Decidieron que en la cabaña debía de haber un inquilino permanente, y que además sería su mascota. Aún a día de hoy desconozco el motivo de esa elección, pero le compraron a una señora un conejo. 15 días después aparece esa misma señora timbrando en la puerta de la casa de mis padres. La señora venía a quejarse de que noche sí, noche también, le estaban destrozando la huerta para coger sin ton ni son berzas para alimentar al conejo como si en vez de un conejo tuvieran una granja.
El problema no lo solucionó ni mi madre, ni la señora. El problema lo solucionó un fox terrier que también formaba parte de la pandilla que, en cuanto pudo tener un momento de intimidad con el conejo, visto y no visto…
El fox terrier sufrió un destierro de al menos un par de semanas, y porque yo intercedí, porque los primeros días veían en él al mismísimo diablo…
Nos perdimos la pista durante muchos años. En esto veo que un tal Naritus miembro del foro, de Lugo, la mar de simpático en sus relatos, va a organizar la nacional en Lugo. Me pongo a su disposición para ayudarle en lo que precise. Quedamos para hacer la ruta que el tenía prevista desde su salida en el Eurostars Gran Hotel Lugo. Allí nos presentamos los dos el día y a la hora acordada, nos saludamos sin quitarnos los cascos, y cosas de las redes, él Naritus y yo Tutoluc, no nos reconocimos… Ya en la Ribeira Sacra, en Doade, paramos a tomar un café, nos quitamos los cascos y… "Jodeeer, si eres Monti", y ya fueron todo risas. Con él era todo tan fácil que muchos años de no vernos desaparecieron en segundos de un plumazo.
Retomamos el contacto. Le iba muy bien. Creo que guardaba un equilibrio casi perfecto entre familia, trabajo y afición a las motos. Las ideas y objetivos muy claros, y su habilidad para en ningún caso confrontar.
Su relato a Cabo Norte adquirió, conociendo al personaje, una nueva dimensión para mí. En algunos pasajes veía al personaje del conejo, y en otros veía al Fox terrier.
Acabo de darle un abrazo sentido a su padre hace un par de horas.
Su mensaje para todos vosotros:
“por favor seguir con las motos y viajando”