Debido a una serie de problemas laborales que me están influyendo en lo personal, llevaba desde el pasado miércoles con dolores en el pecho, además de notar como si el aire me faltara, lanzando unos suspiros de vez en cuando…. Tras hacer las consultas pertinentes, me han dicho que son ataques de ansiedad…., "estamos arreglados", pensé yo.
Afortunadamente, este fin de semana pasado descansaba, por lo que el sábado por la tarde, hacia las 4, me vestí de “romano”, cogí mi casco y me piré en la moto.
Eché gasolina y tras meditar unos segundos decidí irme a la playa. El viaje lo hice muy tranquilo, no superando en autovía los 140 kms/h en ningún momento y los 100 en nacional. Me adelantaron algunos super-racing con sus RR`s, pero hasta ellos iban calmados esa tarde, lo cual me alegró, ¿empezará a imponerse la cordura? (y no me refiero a la ropa).
Antes de llegar a la costa por la nacional, me desvié por la carretera antigua de Motril, (los Caracolillos de Vélez), carretera de poco tráfico, muchas curvas, pinos y…. relajada. Coronas esta carretera atravesando un túnel hecho a pico y pala en la época de Isabel II. Cuando terminas de atravesarlo, te encuentras de bruces con el mar de fondo y el puerto de Motril, ese día con una puesta de sol maravillosa.
Bajé hasta Motril y desde allí me fui hacia el Hotel Salobreña, donde hice cambio de sentido. Busqué una salida donde apartarme de la carretera, aparcar la moto y desde uno de los barrancos-acantilados disfrutar de una preciosa puesta de sol sobre el mar en calma.
Y allí estuve, 25 minutos, en un silencio sólo roto por las ollillas que golpeaban las rocas, mirando del mar al infinito y del infinito al mar, sin pensar en nada… ¡¡Oh, Dios!!, fueron los mejores 25 minutos que he disfrutado en mucho tiempo.
Engullido el sol por el mar, respiré profundamente, apreté mis manos contra mi cara y me levanté. Volví hacia mi moto; la miré unos segundos, "¡¡Ay, qué bonita eres!!" me dije. Me puse el casco, me enfundé los guantes y ya, a oscuras, volví a Granada; con la misma tranquilidad con la que bajé pero sintiendo que no era el mismo, ¡¡ME SENTÍA DISTINTO, ME SENTÍA BIEN!!, y pensando en que “algo” me había llevado hasta allí…
Cuando llegué a Granada, aparqué la moto en el garaje y le planté un beso (me da que suena a gilipollez por ser un bien material pero sentía que le debía algo). :-[
Desde el sábado, no he vuelto a sentir el dolor en el pecho, ni la falta de aire; he incluso me noto más optimista. No sé lo me que durará, pero lo que es seguro, es que hoy pienso que la moto me llevó hasta allí, y esos 25 minutos se los debo a ella.
No sé si algunos habréis sentido algo parecido, si es así, os invito a que nos hagáis partícipes de esa historia.
Un saludo a todos y perdonad el ladrillo. Que paséis felices fiestas.
Afortunadamente, este fin de semana pasado descansaba, por lo que el sábado por la tarde, hacia las 4, me vestí de “romano”, cogí mi casco y me piré en la moto.
Eché gasolina y tras meditar unos segundos decidí irme a la playa. El viaje lo hice muy tranquilo, no superando en autovía los 140 kms/h en ningún momento y los 100 en nacional. Me adelantaron algunos super-racing con sus RR`s, pero hasta ellos iban calmados esa tarde, lo cual me alegró, ¿empezará a imponerse la cordura? (y no me refiero a la ropa).
Antes de llegar a la costa por la nacional, me desvié por la carretera antigua de Motril, (los Caracolillos de Vélez), carretera de poco tráfico, muchas curvas, pinos y…. relajada. Coronas esta carretera atravesando un túnel hecho a pico y pala en la época de Isabel II. Cuando terminas de atravesarlo, te encuentras de bruces con el mar de fondo y el puerto de Motril, ese día con una puesta de sol maravillosa.
Bajé hasta Motril y desde allí me fui hacia el Hotel Salobreña, donde hice cambio de sentido. Busqué una salida donde apartarme de la carretera, aparcar la moto y desde uno de los barrancos-acantilados disfrutar de una preciosa puesta de sol sobre el mar en calma.
Y allí estuve, 25 minutos, en un silencio sólo roto por las ollillas que golpeaban las rocas, mirando del mar al infinito y del infinito al mar, sin pensar en nada… ¡¡Oh, Dios!!, fueron los mejores 25 minutos que he disfrutado en mucho tiempo.
Engullido el sol por el mar, respiré profundamente, apreté mis manos contra mi cara y me levanté. Volví hacia mi moto; la miré unos segundos, "¡¡Ay, qué bonita eres!!" me dije. Me puse el casco, me enfundé los guantes y ya, a oscuras, volví a Granada; con la misma tranquilidad con la que bajé pero sintiendo que no era el mismo, ¡¡ME SENTÍA DISTINTO, ME SENTÍA BIEN!!, y pensando en que “algo” me había llevado hasta allí…
Cuando llegué a Granada, aparqué la moto en el garaje y le planté un beso (me da que suena a gilipollez por ser un bien material pero sentía que le debía algo). :-[
Desde el sábado, no he vuelto a sentir el dolor en el pecho, ni la falta de aire; he incluso me noto más optimista. No sé lo me que durará, pero lo que es seguro, es que hoy pienso que la moto me llevó hasta allí, y esos 25 minutos se los debo a ella.
No sé si algunos habréis sentido algo parecido, si es así, os invito a que nos hagáis partícipes de esa historia.
Un saludo a todos y perdonad el ladrillo. Que paséis felices fiestas.