wazzup
En rodaje
Como sabéis, es más frecuente escribir quejas o críticas que tomarse el tiempo necesario para felicitar a alguien o agradecer un determinado comportamiento; tal vez sea nuestra naturaleza humana más propensa a criticar que a elogiar… o sencillamente tal vez sea que abundan más los comportamientos reprochables que los dignos de mención…
Sea como sea, si hoy escribo estas líneas es porque creo que es lo justo y porque siempre cabe la esperanza de algunos otros puedan seguir el ejemplo, si no por convencimiento propio al menos desde una visión estrictamente comercial. Y es que hay publicidad que no tiene precio… la que procede de un cliente satisfecho. Como es mi caso.
Tal y como ya tuve ocasión de comentar cuando hacía mi presentación en este foro, antes de verano adquirí una F 650 GS de segunda mano, aunque prácticamente nueva: tan sólo 130 Km. Por una cuestión de azar –es donde la encontré- y prudencia –siempre he creído que es mejor pagar algo más a cambio de unas mínimas garantías-, la moto la compré en MOTOS HERNANDEZ.
Al margen de un pequeño y conocido problema con la gestión de la inyección, así como con los retrovisores, ambos defectos de fabricación de las primeras unidades de este modelo, estaba muy satisfecho con la compra que había realizado; de hecho, en la primera revisión no dudaron en cambiarme los retrovisores bajo garantía, a pesar de que la oficial de BMW ya había caducado, pues la moto tenía casi dos años.
Por ello, cuando me llamaron del concesionario transcurridos más de dos meses desde el día que la estrené para decirme que había un problema con mi moto, no entendía muy bien qué era lo que me estaban diciendo. ¿Mi moto?; ¿un problema?... ¡pero si estoy encantado con ella!... Y efectivamente, la moto en sí no tenía problema alguno; el “problema” era que el anterior propietario tenía una importante deuda pendiente con el Ayuntamiento, por lo que no era posible obtener el recibo del impuesto municipal imprescindible para transferir la moto, sin pagar dicha deuda, que ascendía –al parecer- a más de un millón de pesetas. Resultado: la moto no podía ser transferida a mi nombre… ¡me quedaba sin moto!
Antes de que ni tan siquiera pudiera darme tiempo a asimilar lo que me estaban diciendo, ya me estaban proponiendo soluciones: o bien me devolvían el 100% del importe pagado o bien… ¡me entregaban una moto completamente nueva por el mismo precio!... Os podéis imaginar que no tardé ni 15 minutos en presentarme allí para elegir el color. Y no sólo me entregaron una moto a estrenar en el plazo que tardó en matricularse y con los correspondientes dos años de garantía oficial, si no que además me incluyeron TODOS lo extras que tenía la anterior sin escatimar absolutamente nada. Ni una discusión, ni una pérdida de tiempo, ni la más mínima pega: simplemente, dicho y hecho.
Aún aceptando que fuera un fallo suyo el no haberse cerciorado de que todo estaba en regla antes de quedarse con una moto o antes de venderla de nuevo, algo que por otro lado no fue si no un exceso de confianza y buena fe por su parte, su reacción, su talante y su forma de actuar ante este caso han sido en todo momento irreprochables y dignos de todo elogio.
Nadie estamos a salvo de cometer errores; nadie puede asegurar que nunca cometerá un fallo; en definitiva no es eso lo que importa. Lo verdaderamente importante es la capacidad, la voluntad y la forma de afrontar nuestros errores. Creo sin duda, que Motos Hernández ha estado en este caso a la altura de las circunstancias, del prestigio de la marca y del prestigio que tienen o deberían tener los concesionarios de la misma. Mi más sincera felicitación y enhorabuena por ello.
Sea como sea, si hoy escribo estas líneas es porque creo que es lo justo y porque siempre cabe la esperanza de algunos otros puedan seguir el ejemplo, si no por convencimiento propio al menos desde una visión estrictamente comercial. Y es que hay publicidad que no tiene precio… la que procede de un cliente satisfecho. Como es mi caso.
Tal y como ya tuve ocasión de comentar cuando hacía mi presentación en este foro, antes de verano adquirí una F 650 GS de segunda mano, aunque prácticamente nueva: tan sólo 130 Km. Por una cuestión de azar –es donde la encontré- y prudencia –siempre he creído que es mejor pagar algo más a cambio de unas mínimas garantías-, la moto la compré en MOTOS HERNANDEZ.
Al margen de un pequeño y conocido problema con la gestión de la inyección, así como con los retrovisores, ambos defectos de fabricación de las primeras unidades de este modelo, estaba muy satisfecho con la compra que había realizado; de hecho, en la primera revisión no dudaron en cambiarme los retrovisores bajo garantía, a pesar de que la oficial de BMW ya había caducado, pues la moto tenía casi dos años.
Por ello, cuando me llamaron del concesionario transcurridos más de dos meses desde el día que la estrené para decirme que había un problema con mi moto, no entendía muy bien qué era lo que me estaban diciendo. ¿Mi moto?; ¿un problema?... ¡pero si estoy encantado con ella!... Y efectivamente, la moto en sí no tenía problema alguno; el “problema” era que el anterior propietario tenía una importante deuda pendiente con el Ayuntamiento, por lo que no era posible obtener el recibo del impuesto municipal imprescindible para transferir la moto, sin pagar dicha deuda, que ascendía –al parecer- a más de un millón de pesetas. Resultado: la moto no podía ser transferida a mi nombre… ¡me quedaba sin moto!
Antes de que ni tan siquiera pudiera darme tiempo a asimilar lo que me estaban diciendo, ya me estaban proponiendo soluciones: o bien me devolvían el 100% del importe pagado o bien… ¡me entregaban una moto completamente nueva por el mismo precio!... Os podéis imaginar que no tardé ni 15 minutos en presentarme allí para elegir el color. Y no sólo me entregaron una moto a estrenar en el plazo que tardó en matricularse y con los correspondientes dos años de garantía oficial, si no que además me incluyeron TODOS lo extras que tenía la anterior sin escatimar absolutamente nada. Ni una discusión, ni una pérdida de tiempo, ni la más mínima pega: simplemente, dicho y hecho.
Aún aceptando que fuera un fallo suyo el no haberse cerciorado de que todo estaba en regla antes de quedarse con una moto o antes de venderla de nuevo, algo que por otro lado no fue si no un exceso de confianza y buena fe por su parte, su reacción, su talante y su forma de actuar ante este caso han sido en todo momento irreprochables y dignos de todo elogio.
Nadie estamos a salvo de cometer errores; nadie puede asegurar que nunca cometerá un fallo; en definitiva no es eso lo que importa. Lo verdaderamente importante es la capacidad, la voluntad y la forma de afrontar nuestros errores. Creo sin duda, que Motos Hernández ha estado en este caso a la altura de las circunstancias, del prestigio de la marca y del prestigio que tienen o deberían tener los concesionarios de la misma. Mi más sincera felicitación y enhorabuena por ello.