La hora de la verdad.
Y entonces esperé, esperé mientras la luz subía sobre el agua y el frío dejaba de pesar; esperé hasta dudar de que fuera a ocurrir algo, hasta que, a lo lejos, aparecieron las aletas. Una, luego otra, después otra más: una familia de unas ocho orcas patrullaba la orilla, entre ellas sobresalía un macho enorme de aleta dorsal altísima y las varias toneladas de un adulto.
Foto: Gerardo del Villar.
Estos dos ríos fluyen lado a lado durante millas sin mezclarse.
El Río Negro y el río Solimões permanecen separados porque difieren en temperatura, velocidad y densidad del agua.
Foto: Nelson Dos Nacimentos.
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