Se trata sencillamente de que, en casi todos los espacios sociales, se ha impuesto un sentido común "hobbesiano". Una visión del ser humano que inevitablemente se acompaña de medidas punitivas crecientes porque entiende que el hombre, antropologicamente hablando, es un ser maligno para sí y los demás.
Este es un debate incómodo porque lo que encontramos bajo los RD, reglamentos, etc, si profundizamos seriamente, es una visión apriorística y siniestra del hombre y su naturaleza.
Esta perspectiva tétrica sólo puede apostar por el castigo, la penitencia, la expiación y, por último, la venganza,...
Al final todos somos víctimas de esta espantosa contingencia "cognitiva": tanto los que elaboran su marco referencial alrededor de esta "certeza" como los que no.