ovejanegra
Curveando
En el mundo de la radioafición, al borde de la extinción como muchas aficiones del siglo XX, un "elmer" es un mentor, un maestro, un guía. Alguien con más experiencia que uno que te introduce en una disciplina compleja que puede requerir algunas enseñanzas para empezar a riesgo de hacerse demasiado inaccesible, sobre todo al principio.
El término "elmer" proviene de un artículo de 1971 del boletín mensual de la ARRL, la asociación estadounidense de radioaficionados. Su autor, Rod Newkirk, recordaba en él a su primer maestro de radio, Elmer P. Frohardt. Ese artículo popularizó el concepto de "primer maestro" y el nombre de Elmer pasó a ser sinónimo de mentor o guía. La palabra y el concepto se extendieron por todo el mundo de la radio.
Aquí ya casi todos peinamos canas, así que si yo tengo que recordar a un elmer, tengo que remontarme a 1986 cuando tuve un accidente con un coche conduciendo en ciudad mi primera moto grande, una Bultaco Metralla 250. Fue una buena galleta en un cruce en la que no me hice demasiado daño, pero doblé un amortiguador entre otras cosas. La llevé al taller donde la compré y me cambiaron los amortiguadores por unos feísimos con los muelles carenados, estilo moto de abuelo años 40, que no pegaban ni con cola. Un petardo hasta para un novato como yo. Cuando los vi, me enfadé tanto que les dije que me los desmontaran, me cobraran el trabajo y que me llevaba la moto. Nunca volví.
En mi familia nadie tenía moto. Yo era el primero y ninguno de mis parientes cercanos podía ayudarme o asesorarme. Sin saber qué hacer, mi novia de entonces me contó que el marido de su prima era mecánico de motos y que le llevara la Bultaco. Eso hice y así conocí al que sería mi elmer durante los siguientes doce años. Con él todo se hizo más fácil y de pronto no solo tenía mecánico, sino una persona que sabía de motos muchísimo más que yo y que me guiaba y me asesoraba en cualquier cosa que le quisiera hacer a la moto. Cuando abrió su propio taller, estuve en la inauguración y muchas tardes las pasaba allí observando como trabajaba, ayudándole un poco y charlando de motos.
Hace un par de años que se jubiló cerrando el taller después de casi cuarenta años de profesión. Hará unos cuatro pasé por allí a saludarle y el taller estaba como lo recordaba, prácticamente nada había cambiado y seguía tan limpio y ordenado como siempre.
Si no hubiera sido por mi elmer, mis comienzos hubieran sido mucho más complicados y la Metralla no hubiera durado ni la mitad de los años años que aguantó. Eso seguramente me hubiera alejado definitivamente de las motos, porque en aquella época estaba tan pelado que difícilmente me hubiera podido permitir otra. Gracias a mi elmer, la Bultaco duró lo suficiente como para engancharme definitivamente y empezar a pensar en la siguiente.
¿Vosotros tuvisteis la suerte de tener un elmer, pariente, amigo o conocido?
El término "elmer" proviene de un artículo de 1971 del boletín mensual de la ARRL, la asociación estadounidense de radioaficionados. Su autor, Rod Newkirk, recordaba en él a su primer maestro de radio, Elmer P. Frohardt. Ese artículo popularizó el concepto de "primer maestro" y el nombre de Elmer pasó a ser sinónimo de mentor o guía. La palabra y el concepto se extendieron por todo el mundo de la radio.
Aquí ya casi todos peinamos canas, así que si yo tengo que recordar a un elmer, tengo que remontarme a 1986 cuando tuve un accidente con un coche conduciendo en ciudad mi primera moto grande, una Bultaco Metralla 250. Fue una buena galleta en un cruce en la que no me hice demasiado daño, pero doblé un amortiguador entre otras cosas. La llevé al taller donde la compré y me cambiaron los amortiguadores por unos feísimos con los muelles carenados, estilo moto de abuelo años 40, que no pegaban ni con cola. Un petardo hasta para un novato como yo. Cuando los vi, me enfadé tanto que les dije que me los desmontaran, me cobraran el trabajo y que me llevaba la moto. Nunca volví.
En mi familia nadie tenía moto. Yo era el primero y ninguno de mis parientes cercanos podía ayudarme o asesorarme. Sin saber qué hacer, mi novia de entonces me contó que el marido de su prima era mecánico de motos y que le llevara la Bultaco. Eso hice y así conocí al que sería mi elmer durante los siguientes doce años. Con él todo se hizo más fácil y de pronto no solo tenía mecánico, sino una persona que sabía de motos muchísimo más que yo y que me guiaba y me asesoraba en cualquier cosa que le quisiera hacer a la moto. Cuando abrió su propio taller, estuve en la inauguración y muchas tardes las pasaba allí observando como trabajaba, ayudándole un poco y charlando de motos.
Hace un par de años que se jubiló cerrando el taller después de casi cuarenta años de profesión. Hará unos cuatro pasé por allí a saludarle y el taller estaba como lo recordaba, prácticamente nada había cambiado y seguía tan limpio y ordenado como siempre.
Si no hubiera sido por mi elmer, mis comienzos hubieran sido mucho más complicados y la Metralla no hubiera durado ni la mitad de los años años que aguantó. Eso seguramente me hubiera alejado definitivamente de las motos, porque en aquella época estaba tan pelado que difícilmente me hubiera podido permitir otra. Gracias a mi elmer, la Bultaco duró lo suficiente como para engancharme definitivamente y empezar a pensar en la siguiente.
¿Vosotros tuvisteis la suerte de tener un elmer, pariente, amigo o conocido?