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Invitado
Gracias a la amabilidad de Moncho y Movilnorte he tenido, durante toda una tarde, a mi disposición una R1200RT nueva con 2.500 kilómetros en su marcador y de mi color favorito.
Mi objetivo no era probar como iba en viajes largos ni por autoría o carretera nacional a tope de carga y con 2 personas a bordo, ya me puedo imaginar que muy bien. Era ver si es una moto con la que me pudiera divertir los fines de semana por carreteras de montaña, y deducir si me serviría para algún pique (conmigo mismo, por supuesto) en circuito.
Para ello nada mejor que repetir el recorrido de alguno de los ‘Paseos Tempranos’ por carreteras conocidas y a ritmo medio, comparando las sensaciones con los recuerdos recientes.
La impresión antes de subirme es de una moto preciosa pero enorme, ya que entre antena de la radio (llevaba también CD, aunque no llegué a usarlo), maletas, y el gran top case trasero parecía el doble que mi R1100S.
Salí a las 3 de la tarde hacia la carretera de El Escorial, adaptándome a la postura y a la situación de los mandos manuales y pedestres. Los primeros escarceos con el tráfico de Majadahonda y ya encontraba todo en su sitio. Postura natural, cómoda, piernas no muy flexionadas a pesar de llevar el asiento en posición baja. Todo en su sitio.
En los primeros tramos rectos aproveché para probar la posición de la pantalla con el botoncito correspondiente. El mecanismo funciona con suavidad y potencia suficiente para utilizarlo en marcha. Me decidí por la posición mas baja, protege perfectamente y no crea rebufo trasero.
Al ajustar los retrovisores fui consciente del único defecto que noté en toda la tarde. Hiciera lo que hiciera, apuntaban a mis codos, siéndome necesario levantarlos (me refiero a los codos) para ver con claridad, adoptando una postura mas propia de un flamenco intentando despegar que de un feliz motorista. Tal vez dedicándole mas tiempo......
La subida a Galapagar me permitió empezar a olvidarme del tamaño visual de la RT y a considerar su tamaño dinámico. Aunque nunca arriesgo con una moto que no es mía (con la mía tampoco suelo hacerlo, por cierto), subí el puerto a ritmo alegre, usando solo el carril derecho salvo para adelantar y comprobando que en marcha se comporta como una moto ligera. En los cambios de dirección de la secuencia de tres curvas derecha, izquierda, derecha que hay a mitad de la subida (para quien no las conozca, son como 2 chicanes unidas) levanté y tumbé la moto de un lado al otro y otra vez al uno con gran facilidad, utilizando en manillar pero sin hacer prácticamente esfuerzo. El motor se mostró suficientemente potente como para dejar clavados a todos lo vehículos que tuve que adelantar. La potencia del motor ha mejorado mucho respecto a las anteriores RT, siendo muy utilizable desde pocas vueltas y, en mi opinión, suficiente para una moto de estas pretensiones en cualquier circunstancia.
A partir de ahí y a lo largo de toda la vuelta, el apoyo de la rueda delantera me dio casi tanta confianza como en mi R1100S (que es mucha), ventajas del telelever quizás, pero no me había dado tan buena impresión cuando, hace 2 meses, probé una R1150R. En cualquier caso muy bien resuelto el tren delantero.
El tren trasero también se comportaba bien pero, ajustado para viajar cómodo, resultaba ligeramente repetidor. Yo habría probado a cerrar un poco el o los hidráulicos (no miré si lleva regulación de extensión solo o de extensión y compresión) para frenar mas el rebote del muelle, pero no era cosa de fastidiarle los reglajes a su usuario habitual. Aún así va mejor de lo que podía imaginar.
La subida a La Cruz Verde, muy divertida y sin tráfico hasta las 3 ultimas curvas, me ratificó en mis impresiones de ligereza y agilidad sorprendentes en una moto de su tamaño y filosofía. A partir de ahí me dediqué a disfrutar con total confianza tomando camino hacia Robledo de Chavela, donde paré a llenar para poder controlar el consumo a la vuelta.
El tramo hacia Cebreros lo noté mucho menos bacheado que con mi S. Si no fuera por que mi vista me indicaba lo contrario, habría pensado en un asfaltado reciente. No hay duda de que una suspensión de tarado turístico tiene sus ventajas.
En la subida desde Cebreros hacia el pantano de El Burguillo, recorrido habitualmente utilizado por los vecinos de la localidad para ejercitar las piernas paseando, paré a unas amables chicas para que nos hicieran una foto que me sirviera de recuerdo. Tras los comentarios sobre el tamaño y belleza de la moto (¡que se le va a hacer!) continuamos bajando hacia la nacional a Ávila.
En la bajada, pude comprobar que las virtudes del sistema de frenada integral (solo usé la maneta) combinadas con el aplomo del tren delantero, permiten frenar con total confianza hasta el interior de la curva y con la moto inclinada, para empezar a acelerar en cuanto se suelta el freno.
Ya camino de Ávila, cogí el desvío a Navaluenga, que es un tramo fantástico de curvas lentas de buen asfalto. Allí imaginé que llevaba delante a Nacho en uno de los días en que está animado (casi todos) y apreté un poco. ¡Fantástico!, acelerar hasta cerca de la curva, frenada fuerte primero y dosificada después hasta el interior a la vez que inclinar a base de manillar, aceleración suave hasta ver la salida, gaaaassss....... y vuelta a empezar (tal vez suene mas fuerte de lo que fue). Algo de baile trasero por lo comentado anteriormente pero muy contenido, ¡genial!.
En la cima del puerto de Navalmoral se me ocurrió mirar la hora, ¡horror! iba a faltar a mi promesa de devolverla a las 6 de la tarde. Al llegar a Ávila cambio la ruta prevista y tomo la nacional hacia Madrid.
Apretando un poco por las rectas para no llegar tarde, compruebo su comodidad y lo relajado que resulta conducirla a ritmo de viaje. Con la cúpula en posición baja el aire te da solo en el casco, lo justo para tener algo de sensación de velocidad.
El puerto de Los Leones que, sin tráfico, parece una sección del circuito de El Jarama supone el último tramo de curvas y me convence de que también te puedes divertir con esta moto en cursillos de conducción.
Llego a Movilnorte tarde, no sin antes llenar el depósito para controlar el consumo. Desde Robledo, 205 kilómetros con 11,8 litros. La moto es un mechero, yo la he llevado de paseo o ambas cosas. Son 5,66 litros a los 100. Me imagino que al poco consumo ha colaborado el no ir fuerte por autopista y el no pasarla en casi ningún momento de 7.000 vueltas por mi manía de no considerar rodada una moto hasta los 5.000 kilómetros.
Nadie me afea el retraso, me preguntan lo que me ha parecido y parecen felices cuando les digo que me ha gustado mucho, así da gusto.
Resumiendo, cómoda para viajar, divertida en curvas, buenos frenos, buena estabilidad, parca en consumo, preciosa. Si volviera a viajar a dúo sería mi elección.
Luego me pasó lo de siempre cuando pruebo una moto, volví a coger la mía y..... me encanta.
Pero creo que estoy perdido, dentro de unos días voy a probar la K1200S.
Lamento la extensión, pero he empezado con intención de escribir unas someras impresiones y me ha salido esto.
Por cierto, llevaba los Z6 que me han gustado en seco y en mojado (un par de chubasquillos para que la prueba fuera completa)
Para ello nada mejor que repetir el recorrido de alguno de los ‘Paseos Tempranos’ por carreteras conocidas y a ritmo medio, comparando las sensaciones con los recuerdos recientes.
La impresión antes de subirme es de una moto preciosa pero enorme, ya que entre antena de la radio (llevaba también CD, aunque no llegué a usarlo), maletas, y el gran top case trasero parecía el doble que mi R1100S.
Salí a las 3 de la tarde hacia la carretera de El Escorial, adaptándome a la postura y a la situación de los mandos manuales y pedestres. Los primeros escarceos con el tráfico de Majadahonda y ya encontraba todo en su sitio. Postura natural, cómoda, piernas no muy flexionadas a pesar de llevar el asiento en posición baja. Todo en su sitio.
En los primeros tramos rectos aproveché para probar la posición de la pantalla con el botoncito correspondiente. El mecanismo funciona con suavidad y potencia suficiente para utilizarlo en marcha. Me decidí por la posición mas baja, protege perfectamente y no crea rebufo trasero.
Al ajustar los retrovisores fui consciente del único defecto que noté en toda la tarde. Hiciera lo que hiciera, apuntaban a mis codos, siéndome necesario levantarlos (me refiero a los codos) para ver con claridad, adoptando una postura mas propia de un flamenco intentando despegar que de un feliz motorista. Tal vez dedicándole mas tiempo......
La subida a Galapagar me permitió empezar a olvidarme del tamaño visual de la RT y a considerar su tamaño dinámico. Aunque nunca arriesgo con una moto que no es mía (con la mía tampoco suelo hacerlo, por cierto), subí el puerto a ritmo alegre, usando solo el carril derecho salvo para adelantar y comprobando que en marcha se comporta como una moto ligera. En los cambios de dirección de la secuencia de tres curvas derecha, izquierda, derecha que hay a mitad de la subida (para quien no las conozca, son como 2 chicanes unidas) levanté y tumbé la moto de un lado al otro y otra vez al uno con gran facilidad, utilizando en manillar pero sin hacer prácticamente esfuerzo. El motor se mostró suficientemente potente como para dejar clavados a todos lo vehículos que tuve que adelantar. La potencia del motor ha mejorado mucho respecto a las anteriores RT, siendo muy utilizable desde pocas vueltas y, en mi opinión, suficiente para una moto de estas pretensiones en cualquier circunstancia.
A partir de ahí y a lo largo de toda la vuelta, el apoyo de la rueda delantera me dio casi tanta confianza como en mi R1100S (que es mucha), ventajas del telelever quizás, pero no me había dado tan buena impresión cuando, hace 2 meses, probé una R1150R. En cualquier caso muy bien resuelto el tren delantero.
El tren trasero también se comportaba bien pero, ajustado para viajar cómodo, resultaba ligeramente repetidor. Yo habría probado a cerrar un poco el o los hidráulicos (no miré si lleva regulación de extensión solo o de extensión y compresión) para frenar mas el rebote del muelle, pero no era cosa de fastidiarle los reglajes a su usuario habitual. Aún así va mejor de lo que podía imaginar.
La subida a La Cruz Verde, muy divertida y sin tráfico hasta las 3 ultimas curvas, me ratificó en mis impresiones de ligereza y agilidad sorprendentes en una moto de su tamaño y filosofía. A partir de ahí me dediqué a disfrutar con total confianza tomando camino hacia Robledo de Chavela, donde paré a llenar para poder controlar el consumo a la vuelta.
El tramo hacia Cebreros lo noté mucho menos bacheado que con mi S. Si no fuera por que mi vista me indicaba lo contrario, habría pensado en un asfaltado reciente. No hay duda de que una suspensión de tarado turístico tiene sus ventajas.
En la subida desde Cebreros hacia el pantano de El Burguillo, recorrido habitualmente utilizado por los vecinos de la localidad para ejercitar las piernas paseando, paré a unas amables chicas para que nos hicieran una foto que me sirviera de recuerdo. Tras los comentarios sobre el tamaño y belleza de la moto (¡que se le va a hacer!) continuamos bajando hacia la nacional a Ávila.
Ya camino de Ávila, cogí el desvío a Navaluenga, que es un tramo fantástico de curvas lentas de buen asfalto. Allí imaginé que llevaba delante a Nacho en uno de los días en que está animado (casi todos) y apreté un poco. ¡Fantástico!, acelerar hasta cerca de la curva, frenada fuerte primero y dosificada después hasta el interior a la vez que inclinar a base de manillar, aceleración suave hasta ver la salida, gaaaassss....... y vuelta a empezar (tal vez suene mas fuerte de lo que fue). Algo de baile trasero por lo comentado anteriormente pero muy contenido, ¡genial!.
En la cima del puerto de Navalmoral se me ocurrió mirar la hora, ¡horror! iba a faltar a mi promesa de devolverla a las 6 de la tarde. Al llegar a Ávila cambio la ruta prevista y tomo la nacional hacia Madrid.
Apretando un poco por las rectas para no llegar tarde, compruebo su comodidad y lo relajado que resulta conducirla a ritmo de viaje. Con la cúpula en posición baja el aire te da solo en el casco, lo justo para tener algo de sensación de velocidad.
El puerto de Los Leones que, sin tráfico, parece una sección del circuito de El Jarama supone el último tramo de curvas y me convence de que también te puedes divertir con esta moto en cursillos de conducción.
Llego a Movilnorte tarde, no sin antes llenar el depósito para controlar el consumo. Desde Robledo, 205 kilómetros con 11,8 litros. La moto es un mechero, yo la he llevado de paseo o ambas cosas. Son 5,66 litros a los 100. Me imagino que al poco consumo ha colaborado el no ir fuerte por autopista y el no pasarla en casi ningún momento de 7.000 vueltas por mi manía de no considerar rodada una moto hasta los 5.000 kilómetros.
Nadie me afea el retraso, me preguntan lo que me ha parecido y parecen felices cuando les digo que me ha gustado mucho, así da gusto.
Resumiendo, cómoda para viajar, divertida en curvas, buenos frenos, buena estabilidad, parca en consumo, preciosa. Si volviera a viajar a dúo sería mi elección.
Luego me pasó lo de siempre cuando pruebo una moto, volví a coger la mía y..... me encanta.
Pero creo que estoy perdido, dentro de unos días voy a probar la K1200S.
Lamento la extensión, pero he empezado con intención de escribir unas someras impresiones y me ha salido esto.
Por cierto, llevaba los Z6 que me han gustado en seco y en mojado (un par de chubasquillos para que la prueba fuera completa)