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Acelerando
Salida matinal hacia Pla de Manlleu para desayunar tranquilamente. Café, bocadillo, charla motera y todo bajo control... hasta que, saliendo dirección Santes Creus, aparece un grupo de esos que ya de lejos tienen pinta de no ir precisamente de paseo: BMW R NineT bien preparadas, una KTM 990 con ganas de guerra, una Africa Twin y una T7 nuevecita con unas alforjas tan enormes que parecían rellenas de porexpán por si acaso... 
Me engancho por detrás discretamente. El ritmo empieza alegre. Luego bastante alegre. Y finalmente queda claro que los dos que van delante tienen más interés en las curvas que en el paisaje.
En una recta me pongo delante y la vieja Adventure decide recordar que todavía no ha pedido la jubilación. El BOS sin dB-killer empieza a dar recital: petardeos en las reducciones, cambios de marcha con banda sonora propia y ese rugido grave que hace girar cabezas incluso dentro del casco.
La KTM responde. La NineT también. Durante unos kilómetros aquello parece más un concierto mecánico que una ruta dominical.
Lo curioso es que la Adventure sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: salir de las curvas con una facilidad insultante. En las rectas va abriendo unos metros. En las zonas más reviradas los perseguidores vuelven a acercarse. Nadie regala nada, pero todo con buen ambiente y dentro de los límites del sentido común.
Llegando a Santes Creus paro a un lado para dejar pasar al grupo. Van llegando uno tras otro con sonrisas, pulgares arriba y caras de haberlo pasado bien. Mención especial para el piloto de la R NineT, que señala el bóxer y el escape con gesto de absoluta aprobación. Traducción libre:
— ¡Muy bien, muy bien!

Ellos siguieron hacia el desayuno. Yo continué mi ruta.
Moraleja de la mañana: las motos modernas están muy bien, pero una Adventure veterana, bien llevada y con ganas de fiesta, todavía puede sacar una sonrisa a más de uno.

Me engancho por detrás discretamente. El ritmo empieza alegre. Luego bastante alegre. Y finalmente queda claro que los dos que van delante tienen más interés en las curvas que en el paisaje.
En una recta me pongo delante y la vieja Adventure decide recordar que todavía no ha pedido la jubilación. El BOS sin dB-killer empieza a dar recital: petardeos en las reducciones, cambios de marcha con banda sonora propia y ese rugido grave que hace girar cabezas incluso dentro del casco.
La KTM responde. La NineT también. Durante unos kilómetros aquello parece más un concierto mecánico que una ruta dominical.
Lo curioso es que la Adventure sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: salir de las curvas con una facilidad insultante. En las rectas va abriendo unos metros. En las zonas más reviradas los perseguidores vuelven a acercarse. Nadie regala nada, pero todo con buen ambiente y dentro de los límites del sentido común.
Llegando a Santes Creus paro a un lado para dejar pasar al grupo. Van llegando uno tras otro con sonrisas, pulgares arriba y caras de haberlo pasado bien. Mención especial para el piloto de la R NineT, que señala el bóxer y el escape con gesto de absoluta aprobación. Traducción libre:
— ¡Muy bien, muy bien!
Ellos siguieron hacia el desayuno. Yo continué mi ruta.
Moraleja de la mañana: las motos modernas están muy bien, pero una Adventure veterana, bien llevada y con ganas de fiesta, todavía puede sacar una sonrisa a más de uno.
