Esta semana he tenido una conversación muy interesante con un compañero de trabajo.
Resulta que se me acercó muy preocupado porque a su hijo le gustaban las motos y quería que le comprase una.
A él no le gustan nada y, ademas, las considera como algo muy peligroso, por lo que, como sabe que yo soy motero, quería consejo sobre como tratar la situación.
A mi no me gusta dar consejos, pero le dije lo que pienso y siento respecto al tema de las motos:
El motero nace, no se hace.
Una persona, para montarse en un aparato en perpetuo equilibrio y en contínuo peligro, soportando frio, calor, lluvia e incomodidades, tiene que nacer con esa inclinación.
Si las motos no son lo suyo, puede que, empujado por la moda o los amigos, se encapriche de alguna, pero en cuanto tenga el primer susto o le caiga el primer chaparrón, se ira derecho al refugio de un cuatro latas.
Pero si nace motero, por mucho que se le prohiba, acabará montando en moto, con los amigos, a escondidas o cuando se independice.
Tengo varios compañeros que, a sus mas de 40 años, han hecho realidad su sueño de juventud, que no pudieron materializar por imposición familiar, falta de dinero, hijos, etc...
Se les ve ahora superfelices, disfrutanto como niños, aunque solo sea del trayecto casa-trabajo-casa.
Por eso le dije a mi compañero que, si su hijo era de los de las dos ruedas, no intentara impedírselo, cosa imposible, sino que procurara encauzarlo, llevandole a una autoescuela, comprandole un buen equipo, haciendole un seguro y, en definitiva, ayudandole a desarrollar su afición y su personalidad.
De esa forma evitaría que tuviera que aprender de mala manera, a escondidas y jugándose la vida.
Los accidentes son inevitables, ya que no siempre dependen de uno mismo, pero si estas preparado y sabes lo que hay que hacer, puedes minimizar las consecuencias.
No se puede detener el rio, solo encauzarlo.
En fin, perdonad el ladrillazo, pero me apetecía compartir con vosotros lo que pienso y siento.
Y recordad, rodar con prudencia, mucha prudencia.
Resulta que se me acercó muy preocupado porque a su hijo le gustaban las motos y quería que le comprase una.
A él no le gustan nada y, ademas, las considera como algo muy peligroso, por lo que, como sabe que yo soy motero, quería consejo sobre como tratar la situación.
A mi no me gusta dar consejos, pero le dije lo que pienso y siento respecto al tema de las motos:
El motero nace, no se hace.
Una persona, para montarse en un aparato en perpetuo equilibrio y en contínuo peligro, soportando frio, calor, lluvia e incomodidades, tiene que nacer con esa inclinación.
Si las motos no son lo suyo, puede que, empujado por la moda o los amigos, se encapriche de alguna, pero en cuanto tenga el primer susto o le caiga el primer chaparrón, se ira derecho al refugio de un cuatro latas.
Pero si nace motero, por mucho que se le prohiba, acabará montando en moto, con los amigos, a escondidas o cuando se independice.
Tengo varios compañeros que, a sus mas de 40 años, han hecho realidad su sueño de juventud, que no pudieron materializar por imposición familiar, falta de dinero, hijos, etc...
Se les ve ahora superfelices, disfrutanto como niños, aunque solo sea del trayecto casa-trabajo-casa.
Por eso le dije a mi compañero que, si su hijo era de los de las dos ruedas, no intentara impedírselo, cosa imposible, sino que procurara encauzarlo, llevandole a una autoescuela, comprandole un buen equipo, haciendole un seguro y, en definitiva, ayudandole a desarrollar su afición y su personalidad.
De esa forma evitaría que tuviera que aprender de mala manera, a escondidas y jugándose la vida.
Los accidentes son inevitables, ya que no siempre dependen de uno mismo, pero si estas preparado y sabes lo que hay que hacer, puedes minimizar las consecuencias.
No se puede detener el rio, solo encauzarlo.
En fin, perdonad el ladrillazo, pero me apetecía compartir con vosotros lo que pienso y siento.
Y recordad, rodar con prudencia, mucha prudencia.