9° Día: de Sbeitla a Dougga y Túnez
Hoy ha sido un día de locos sobre dos ruedas. Un día de esos que empiezan con intriga de película de espías y terminan con el estómago lleno, el corazón a mil y una buena ración de cultura.
Salimos de Sbeitla con el sol de cara y una dosis inesperada de adrenalina que no venía en el mapa.
Todo empezó en el checkout del hotel. Dos hombres armados, un coche oscuro y ese aire de misterio que te hace pensar: "Ojo, que aquí hay alguien importante". Lo que no sabíamos es que los "importantes" (o al menos los vigilados) ¡éramos nosotros!
El misterio del coche oscuro: Manolo me soltó mientras echábamos gasolina: "Nos están siguiendo". Fuimos al cajero ellos venían detrás, a diez metros. Solo respiramos tranquilos cuando vimos una pequeña sirena en el techo del vehículo. "Vale, es la policía", pensamos. Pero lo mejor estaba por llegar.
Iniciamos nuestra ruta y apenas llevamos dos kilómetros rodando cuando el GPS se vuelve loco y paramos en el arcén. De repente, uno de los hombres con la envergadura de un armario ropero se baja del coche y se acerca:
— "¡Hola, soy la policía! ¿A dónde vais?" — "A Dougga..." —dijimos con cara de póker.
— "Vais al revés. Seguidnos".
Y comienza el Gran Hermano Tunecino (en 5 relevos):
Lo que pensábamos que sería una ayuda para salir de la ciudad se convirtió en una escolta oficial de 170 km.
Advertimos que la ruta que por la que marchaban era muy larga, paramos en el arcén para decirles que teníamos una alternativa mucho más corta como 80kms menos... Su respuesta: "Por vuestra seguridad, no podéis ir por ahí. Somos vuestros escoltas y tenéis que seguirnos".
Cada 30 kms aproximadamente nos ha ido relevando una patrulla distinta hasta en cinco ocasiones.
Hemos vivido de todo. Unos relevos iban "pisando huevos" a 60 km/h y otros nos llevaban a 120 km/h por carreteras comarcales.
Hasta cinco veces cambiamos de equipo. Otros policías, otras patrullas, las mismas preguntas: "¿De dónde venís? ¿A dónde vais?".
Finalmente, tras un control del ejército y el chequeo de pasaportes, nos dieron la "libertad". Eso sí, con una orden clara: Directos a Dougga, nada de desvíos.
Íbamos con el horario por los suelos y un hambre atroz y como dicen que los “sustos” con pan son menos… paramos en el primer puesto de carne a la brasa que vimos. Nada como el olor a humo y unas patatas fritas para asimilar que hoy hemos sido los VIP de la carretera tunecina.
Tras la odisea, el Capitolio de Dougga emergió sobre la colina como un gigante de piedra que ha desafiado al tiempo, conservando una majestuosidad que corta el aliento al apagar el motor. Caminar por sus calles empedradas, donde aún se ven los surcos de los antiguos carros, ha sido sentir diecisiete siglos de historia bajo nuestras botas…
El Teatro, muy bien conservado, con una capacidad para más de 4.000 espectadores tiene como telón de fondo un paisaje impresionante. Desde allí cogimos el sendero hasta llegar al Mausoleo Libio-Púnico que nos recordó que estábamos en un auténtico crisol de civilizaciones y de ahí al magno Capitolio, erigido a los dioses Júpiter, Minerva y Juno. Finalmente, bajo la luz dorada del atardecer, las columnas corintias se tiñeron de ocres regalándonos esa paz tan necesaria en un día de escoltas y asfalto como el de hoy.
Ahora sí, ponemos rumbo a la capital con el corazón lleno y una historia más que contar. Mañana visitaremos la ciudad.
