En mi opinión, la moto, como toda máquina, tiene una vertiente de diseño que en el fondo es comunicación. Comunicación de los que la construyeron hacia los que la van a usar. Las motos, como todas las máquinas, hablan y te dicen cosas (toma ya desvarío, y luego os llamáis viciosos...).
A mí me gustan las motos que hablan de eficacia, de simplicidad, de carreteras largas y rutas interminables. Me gustan las que hablan de libertad, de aquí cojo la carretera y aquí la mato. Esas para mí son las más bonitas y las que me gusta mirar, y si puedo, copiar.
Y por supuesto, la motos, a la carretera. No me gustan las que sacrifican una mínima comodidad o una mínima efectividad por la estética. Eso es lo contrario a mi ideal de motociclismo. Tampoco me atraen las que, en aras de las prestaciones o la eficacia, se vuelven tan complejas como el transbordador espacial. La moto: sencilla, robusta, y de calidad. Como para cogerla un viernes por la tarde ligero de equipaje y cargado con dos herramientas, y volver el domingo del fin del mundo.
Por eso, y será que me hago viejo, cada vez me giro más a ver las clásicas boxer de BMW, las neoclásicas o cosas como la CB1100.