Desde Tarmilate a Ouzzou
Hay jornadas de ruta que empiezan con un buen desayuno y se quedan grabadas a fuego en el velocímetro y en el corazón. La de hoy ha sido, sin duda, una de ellas: una verdadera ruta para quienes buscamos el Marruecos más auténtico, solitario y desconocido sobre dos ruedas.
Salimos por la mañana dejando atrás Tarmilate con el aire fresco de la montaña poniéndonos en alerta. Las nubes cabalgaban demasiado rápido el horizonte. La carretera pronto empezó a serpentear hacia Moulay Bouazza, adentrándonos en un paisaje que parecía ajeno al paso del tiempo. La Taca nos llevó por una escueta y maltrecha carretera que exigía bastante pericia a los pilotos… el paisaje impresionante…
De ahí pusimos rumbo a Oued Zem y Fquih Ben Salah, cruzando llanuras e internándonos poco a poco en carreteras cada vez más angostas, olvidadas y reviradas, donde el asfalto es una invitación constante a inclinar la moto y dejarse llevar por el ritmo del motor.
Al pasar por Oulad M'barek y encarar hacia Aït Aatab, el terreno dio un vuelco espectacular. Empezamos a trepar por una imponente montaña de tonos rojizos y arcillosos que contrastaban con el cielo gris y amenazante. Curva tras curva, la subida se volvió muy exigente bajo la tenue lluvia regalándonos panorámicas brutales de valles ocultos donde pocos viajeros se adentran. Es la esencia pura del viaje en moto: sentir la máquina trabajar en cada horquilla mientras el paisaje te supera.
Y entonces llegó el premio final: las Cascadas de Ouzoud.
Dejamos los cascos, bolsas y chaquetas en el hotel para dar un paseo con calma y buena charla hasta el primer mirador del salto de las cascadas. Ver cómo el agua cae desde más de 110 metros de altura en varios escalones, generando una brisa fresca que te envuelve la cara después de horas de ruta, es sencillamente reparador.
El camino de bajada, rodeado de olivos centenarios (de donde Ouzoud toma su nombre en bereber) y habitado por los simpáticos monos de Berbería que curiosean entre los árboles, fue el contraste perfecto para la intensidad de la ruta.
Cerramos el día con el rugido de la cascada de fondo, el té a la menta caliente, muchas risas en el jardín del hotel y la satisfacción absoluta de haber compartido con Gregorio y Rosa un Marruecos profundo, auténtico y vibrante sobre dos ruedas. Mañana más…
