Cierro este capítulo de Marruecos con la sensación de que el desierto no es solo arena, sino tiempo que se detiene y ciudades que cuentan historias.
Sidi Ifni fue mi primer flechazo. Ese "pueblo azul" me encandiló a la ida con su calma melancólica; sin embargo, a la vuelta quise repetir, pero igual que en la ida estuve solo y me transmitio algo precioso, he de reconocer que en la vuelta el exceso de neoprenos y tablas de surf le robaron un poco de esa magia original. Es el peaje de repetir sitios y perder la primera impresion.
Seguí bajando por la costa. Tarfaya me regaló la soledad de su playa y el eco de Saint-Exupéry antes de cruzar y llegar a El Aaiun. Me sorprendió encontrar una ciudad tan moderna, busqué con nostalgia los vestigios españoles entre sus calles. Allí aprendí una lección de humildad: la sed en el desierto es real, y encontrar una cerveza, una misión imposible, increible pero cierto.
Curioso que a la vuelta me hospede en El Marsa y alli pude dar rienda suelta a mis queridas cervecitas post ruta
Llegué a Dajla. Su barrio antiguo o ciudad antigua como dicen ellos, todavía respira esa esencia española, pero se siente la sombra del futuro; en unos años, será otro destino turístico más, otra ciudad en la que no se me habra perdido nada como tantas de Marruecos que no representan lo que yo busco y siento del pais. Por eso, mi gran tesoro fue Smara. La gran escondida para mi. Fue allí de rebote, entre sus piedras y su silencio, es donde sentí que pisaba el auténtico desierto, lejos de las rutas marcadas.
La hospitalidad increible, la sensacion de estar donde quieres estar no lo puedo explicar, es de esos sitios que me encantaria volver, aunque siempre soy muy cauto con repetir destinos.
Aunque la llegada fue un tanto curiosa, en el tramo hacia Smara la carretera dejó de ser asfalto para convertirse en un campo de batalla. Me vi envuelto en una plaga de langostas que parecía sacada de un relato bíblico; miles de ellas chocando contra el casco y la moto, una nube viva que te recordaba quién manda realmente en el desierto.
Y como broche final, en el camino de regreso, Larache. Para mí, sin duda, hablando de la parte principal de mi viaje que era disfrutar de vestigios españoles, puedo decir que fue la ciudad más encantadora de todo Marruecos. Sus plazas y su luz son el resumen perfecto de un viaje que me ha cambiado la mirada, puedes leer muchas calles en español, y ver los edificios que aun quedan en pie, te trasladan a otra epoca, lo que daria por poder ver 5 minutos de como fue la vida en aquellos años, que decir del Hotel España se erige como un guardián del tiempo. Es un lugar lleno de secretos, donde las paredes parecen susurrar historias de la época del protectorado y los pasillos conservan ese aroma a nostalgia que solo tienen los sitios que han visto pasar la historia.
Leyendo sobre las historias del hotel no dejaba de pensar, que igual el contexto de la pelicula Casablanca bien podia haber sido en el Hotel España.
Al final 6000 km desde mi casa, he disfrutado, he sufrido con una sonrisa en la boca, he conocido gente maravillosa, y sobre todo he cumplido el sueño de ver en persona algunos vestigios o puntos de la historia de España que era mi principal objetivo.
En todo el Sahara solo me pararon a la entrada de Smara, donde se sorprendio y no le hizo mucha gracia al policia de que no tuviera hotel ( lo solucione buscando en google el primero que me salio en cuanto se fue con el pasaporte a la caseta y se quedo mas tranquilo ).
Aqui me pidio toda la documentacion y me hizo una foto a la moto.
En las ruinas de Edchera, las mejores que he encontrado de un cuartel español en todo el viaje y con una historia digna de pelicula, me pararon unos militares cuando estaba con la brujula buscando unas montañas donde ocurrio el combate y me aconsejaron que no me metiera con la moto por las pistas que no saldria con tanto peso, a parte de pedir toda la documentacion.
Las dos unicas paradas en todo el Sahara, en demas ciudades me pararon en Tendrara y en Bouarfa mas por hablar que por pedir papeles.
Dos caidas en todo el viaje, las dos en la arena, es lo unico que me corto un poco, no por las caidas en si, que no paso nada, si no por la imposibilidad de poder levantar la moto yo solo, eso me creo un escudo protector, bastante necesario cuando viajas solo, de no meterme en muchos jaleos, a partir de ahi las pistas ya fueron bastante tranquilas por mi parte.
Los neumaticos Mitas xt Dakkar, perfectos en tierra, en asfalto no acabo de adaptarme a ellos, la moto solo un problema, en el norte calente bastante el embrague por las pistas de barro que me toco lidiar, en Nador le cambie el aceite, ajuste el cable y a seguir, por lo demas ningun problema, mas haya que no sea una moto para estas historias, llanta 19, sin radios, demasiado pesada, pero es mi moto y no habia otra, muy contento de como se ha portado.
Habia leido mucho que de El Aaiun a Dajla no hay gasolineras, yo creo que debe haber una cada ciento y pico km minimo, otra cosa es que tengan gasolina en ese momento, yo lo hice con un garrafa de 5 litros de reserva.
Daros las gracias de corazon ha todos por vuestros consejos que me ha facilitado el viaje y me han hecho disfrutar de sitios a los que no hubiera ido.
Cualquier pregunta o duda que pueda solucionar, por aqui estamos para ayudar en lo que pueda.
Ahora empezar a pensar en el proximo viaje del año que viene.