Y ahora tenemos que hablar de dos motos.
Se pueden calificar de neoclásicas, aunque la segunda puede ser polémica. Mente abierta e incidir sobre lo mestizo del concepto neoclásico. En mi opinión, son dos máquinas remarcables y fruto de trabajo bien hecho.
Ducati Scrambler 1100
Si esta moto hubiera existido en 2018, no hubiera parado hasta probarla y la hubiera considerado muy seriamente. Números medianos muy razonables, belleza a raudales, prestaciones suficientes y buena ergonomía. Un caramelo incomprendido, eclipsado por su hermana menor que sin embargo no tiene el empaque ni la capacidad rutera que tiene esta. El precio seguro que desanimó.
Esta moto tenía (¡la han retirado del catálogo!

) todo lo que para mí le faltaba a la 800. Un poco más de comodidad, un poco más de autonomía, un poco más de potencia y un ciclo mejor. En mi opinión, gran moto para todos los días. Yo la hubiera tenido como moto única sin problemas. Un comodín con mucho estilo y mucha diversión. Una salva de despedida para este motón (tentación de segunda mano...

).
Svartpilen 401
Vale, vale, no me abucheéis y seguid leyendo... la última versión de la Svart es una ¿bonita? moto muy bien hecha. Tiene de clásico el faro redondo, pero eso es algo. También el concepto de naked básica de toda la vida y una mecánica muy cuidada. A mí no me disgusta.
Tiene unas buenas suspensiones y buenos frenos teniendo en cuenta que pesa llena menos de 200 kg. El motor también es cañero y de origen KTM, y aunque es mono, un pajarito me ha dicho que vibra poco y tira bastante.
¿Moto para un ratito? Es posible, seguramente. Pero tiene que ser un rato que valga la pena.
A mí como moto ciudadana e interurbana me gusta. Una forma de convertir en divertidos los aburridos desplazamientos en escúter. Competiría con la Honda GB 350 que tantos adeptos tiene en el hilo. ¿Cuál elegiríais? No hace falta que contestéis, ya lo sé. Pero creo que esta es un pedazo de máquina.