Día 6 y 7: desde Usharal a Ayagoz y a Semey (~700 kms)
Hay días en los que la carretera no te da tregua, pero a cambio te regala estampas que se quedan grabadas para siempre. Hoy dejamos atrás Ayagoz —un pueblo minero gris y con poca arte— para completar casi 400 kilómetros bajo una lluvia espesa y fría hasta alcanzar Semey. El termómetro nos ha recordado dónde estamos con un desplome brutal de la temperatura en 20 °C menos que ayer. El frío húmedo se sentía en cada curva y en cada recta infinita calándote hasta la médula mientras las nubes juguetonas estaban al alcance de nuestra mano…
El asfalto, de doble sentido, nos ha sorprendido para bien: está en muy buen estado, salvo por algunos tramos fresados aún en proceso de reasfaltado. Pero la verdadera batalla venía del tráfico. Cada vez que nos cruzábamos con un camión de frente, el rebufo nos succionaba al pasar a apenas unos centímetros de Wally, devolviéndonos a la realidad con una nube de agua barrosa. La visera del casco quedaba completamente ciega en un segundo... era exactamente igual que si el camionero nos tirara a la cara un barreño de agua sucia desde la ventanilla.
Sin embargo, la estepa kazaja tiene una belleza magnética incluso bajo el clima más adverso. Ver la inmensidad del paisaje salpicada de caballos paciendo con absoluta serenidad, indiferentes al agua y al viento, te transmite una paz difícil de explicar.
El único contrapunto a la monotonía del camino ha sido un interminable tren de carga que arrastraba con pereza más de 50 contenedores de colores sobre el horizonte.
Hoy no he podido sacar fotos… pero cada imagen digna de ser fotografiada y cada instante vivido se ha quedado prendido en esa alma nómada que camina por las infinitas sendas del mundo que son mi lugar favorito para apoyar la cabeza y seguir respirando… en calma.
Llegar a Semey ha sido un alivio, con la lluvia aun azotándonos la espalda. Sin tiempo que perder, salimos a buscar un cambio de euros a rublos y, sobre todo, una buena capa de ropa térmica. Los pronósticos amenazan con bajar de los 0 °C en las próximas jornadas y toca abrigarse para lo que viene.
Reflexión de etapa:
Viajar en moto por lugares así te expone a los elementos y a la incomodidad, pero es precisamente ahí donde reside la magia. Cuando el frío aprieta y el agua busca filtrarse por las costuras, te das cuenta de que la libertad no siempre es un camino soleado y fácil; también es la capacidad de contemplar la inmensidad, aceptar la dureza del entorno y encontrar belleza en el aislamiento. La carretera nos quita el confort, pero nos devuelve la certeza de sentirnos vivos.
Mañana cruzamos otra frontera que nos acerca a Mongolia.
