KIRGUISTAN, KAZAJISTAN - Almas Nómadas 2ª Etapa

Muy bueno, Manuel. Y exótico para nosotros, claro.

Lo que se ve son buenas carreteras o no os habéis quejado cuando menos.

Además, gasolineras con combustible de calidad y a buen precio.

Fenomenal todo (por el momento naturalmente)...

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Esa sensación de asfalto infinito, la mente rodando a su ritmo y la inmensidad de la estepa es la esencia viva de viajar en moto. Da gusto leerte y viajar contigo a través de tus palabras y fotos. :)
 
Muy bueno, Manuel. Y exótico para nosotros, claro.

Lo que se ve son buenas carreteras o no os habéis quejado cuando menos.

Además, gasolineras con combustible de calidad y a buen precio.

Fenomenal todo (por el momento naturalmente)...

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Si, las carreteras no tienen ninguna queja, buen asfalto y las autopistas con una velocidad máxima de 140 Km/h, aunque como entodos lados hay quien sobrepasa con creces ese límite :D.

Eso si cuando hay un paso de peatones indicado con reducción a 40 Km/h, todo el mundo pasa a esa velocidad. Me ha sorprendido muchísimo el respeto que tienen por los pasos de peatones tanto en ciudad como en carretera.

En Kazajistan no ha habido problemas para repostar 95 en cualquier gasolinera donde hemos repostado, no así en Kirguistan, que la mayoría incluso en la capital era a 92 octanos.
 
Día 6 y 7: desde Usharal a Ayagoz y a Semey (~700 kms)

Hay días en los que la carretera no te da tregua, pero a cambio te regala estampas que se quedan grabadas para siempre. Hoy dejamos atrás Ayagoz —un pueblo minero gris y con poca arte— para completar casi 400 kilómetros bajo una lluvia espesa y fría hasta alcanzar Semey. El termómetro nos ha recordado dónde estamos con un desplome brutal de la temperatura en 20 °C menos que ayer. El frío húmedo se sentía en cada curva y en cada recta infinita calándote hasta la médula mientras las nubes juguetonas estaban al alcance de nuestra mano…

El asfalto, de doble sentido, nos ha sorprendido para bien: está en muy buen estado, salvo por algunos tramos fresados aún en proceso de reasfaltado. Pero la verdadera batalla venía del tráfico. Cada vez que nos cruzábamos con un camión de frente, el rebufo nos succionaba al pasar a apenas unos centímetros de Wally, devolviéndonos a la realidad con una nube de agua barrosa. La visera del casco quedaba completamente ciega en un segundo... era exactamente igual que si el camionero nos tirara a la cara un barreño de agua sucia desde la ventanilla.

Sin embargo, la estepa kazaja tiene una belleza magnética incluso bajo el clima más adverso. Ver la inmensidad del paisaje salpicada de caballos paciendo con absoluta serenidad, indiferentes al agua y al viento, te transmite una paz difícil de explicar.

El único contrapunto a la monotonía del camino ha sido un interminable tren de carga que arrastraba con pereza más de 50 contenedores de colores sobre el horizonte.

Hoy no he podido sacar fotos… pero cada imagen digna de ser fotografiada y cada instante vivido se ha quedado prendido en esa alma nómada que camina por las infinitas sendas del mundo que son mi lugar favorito para apoyar la cabeza y seguir respirando… en calma.

Llegar a Semey ha sido un alivio, con la lluvia aun azotándonos la espalda. Sin tiempo que perder, salimos a buscar un cambio de euros a rublos y, sobre todo, una buena capa de ropa térmica. Los pronósticos amenazan con bajar de los 0 °C en las próximas jornadas y toca abrigarse para lo que viene.

Reflexión de etapa:

Viajar en moto por lugares así te expone a los elementos y a la incomodidad, pero es precisamente ahí donde reside la magia. Cuando el frío aprieta y el agua busca filtrarse por las costuras, te das cuenta de que la libertad no siempre es un camino soleado y fácil; también es la capacidad de contemplar la inmensidad, aceptar la dureza del entorno y encontrar belleza en el aislamiento. La carretera nos quita el confort, pero nos devuelve la certeza de sentirnos vivos.

Mañana cruzamos otra frontera que nos acerca a Mongolia.

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Gracias por compartir vuestros viajes. Una consulta, me ha llamado la atención viendo las fotos que casi todos los puestos de venta tanto en los mercados como los callejeros tienen un cartel con un codigo QR, sabeis para que son, si son para pagar o de venta online. 😆😆
Perdonar mi ignorancia
Saludos y Vsss
 
Mañana conoceremos los detalles sobre lo que pasó en la frontera y el consecuente cambio de enfoque.

Seguiremos atentos...

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¡Eso es mototurismo en estado puro, Manuel! La estepa no regala nada, pero por lo que cuentas, esa dureza es la que hace que el viaje se grabe a fuego.
Menuda paliza de agua y frío, pero la recompensa de esos paisajes y la paz de los caballos lo vale todo.
 
Gracias por compartir vuestros viajes. Una consulta, me ha llamado la atención viendo las fotos que casi todos los puestos de venta tanto en los mercados como los callejeros tienen un cartel con un codigo QR, sabeis para que son, si son para pagar o de venta online. 😆😆
Perdonar mi ignorancia
Saludos y Vsss

Correcto, el QR es para pagos con el móvil, cada puesto tiene expuesto su QR y el comprador a través de una app escanea el código y paga, luego solo tiene que enseñar el la pantalla del móvil al vendedor.

El sistema de pagos está muy avanzado, ya que en la yurta mas recóndita, ubicada en la nada con conexión satelite y placas solares, puedes pagar con datafono o a través de la app.
 
¡Eso es mototurismo en estado puro, Manuel! La estepa no regala nada, pero por lo que cuentas, esa dureza es la que hace que el viaje se grabe a fuego.
Menuda paliza de agua y frío, pero la recompensa de esos paisajes y la paz de los caballos lo vale todo.

Ha sido uno de los días más intensos que hemos vivido, en todos los sentidos... Muchos kilómetros metidos en la lluvia, el frio que acompañaba a esta y sobre todo el spray de los camiones, que como relata Tacirupeca eran auténticos calderos de agua sucia la que nos caía al paso de cada uno.

Al terminar la etapa Tacirupeca estaba temblando de frío y no es que no estuviéramos protegidos, el traje es Gore-Tex tricapa, por lo que no llegamos a mojarnos mucho, su protección fue fundamental, aunque tantos kilómetros bajo la lluvia el agua siempre encuentra alguna rendija para entrar... de capas teníamos puesta una camiseta térmica, una camiseta de manga corta y una cazadora de primaloft, tipo "Revit Solar 3"... suficiente pensamos para este viaje en esas fechas.... pero no fue así. esa misma tarde compramos unos forros polares, que utilizamos solo al dáa siguiente, ya sin lluvia y solo por la mañana.
 
Gracias por compartir esta fabulosa crónica.

Viendo los retretes no parece que disfruten una vida muy "cómoda".

No creas, es algo intrínseco de aquella zona, están acostumbrados a hacer sus cosas gordas en cuclillas, de hecho en áreas de servicio más modernas encuentras de los dos tipos de acomodo para hacerlas... la europea y la de cuclillas.

Y en cuanto a comodidades, piensa que los abuelos de esta gente era nómada y vivía en yurtas, por lo que para lo que a nosotros nos parece una incomodidad, para ellos es normalidad.
 
Imposible resumirlo más‼️

Días 9 y 10: Semey - Frontera Rusia- regreso a Kazajistán (


Amanecimos en Semey con esa sensación única que solo te da el viaje en moto: un día amable y radiante, con un cielo de nubes y claros que invitaba a soñar. La primera parada fue una oficina de cambio para convertir nuestros euros a rublos (1 € = 100 rublos). Sabíamos que a media mañana estaríamos rozando la frontera con Rusia y nos habían advertido que allí ni los cajeros dan dinero ni los hoteles aceptan tarjetas. Todo en efectivo. Tarea hecha.

Aprovechamos las primeras horas para recorrer algunos rincones especiales de Semey. Visitamos el parque con el impresionante y sobrecogedor monumento "Más fuerte que la muerte", además de algunas iglesias curiosas. Con el alma llena y la ilusión intacta, pusimos rumbo a la frontera rusa, a tan solo 110 kilómetros de distancia.

Llegamos a las 12:00 h. Salir de Kazajistán fue cuestión de 10 minutos, un suspiro. Nos pusimos en la cola para entrar a Rusia y, tras una hora de espera bajo el sol, levantaron la barrera. Entramos a la zona de control de pasaportes. Lo primero que me sorprendió fue la extrema juventud de los policías fronterizos: ninguno llegaba a los 30 años, pero mostraban una frialdad y una distancia absolutas, carentes de cualquier atisbo de empatía.

A las 13:00h cogieron nuestra documentación. De pronto, la agente que nos atendía recogió todo y se lo llevó corriendo al despacho del jefe… ¡qué raro! Pasaban los minutos y toda la gente que había entrado con nosotros iba saliendo con sus papeles aprobados rumbo a Rusia.

Nos llamó a su despacho el jefe de fronteras y nos hizo una pequeña entrevista sobre nuestro trabajo, donde vivíamos, datos personales, nos pidió el número de teléfono y WhatsApp y poco más.

Pasaron dos horas eternas hasta que un joven policía de marcado corte soviético —gorra de plato, pelo rapado excepto por un largo mechón que le caía sobre la mitad de la cara y unos ojos azules grisáceos helados— se acercó, nos miró fijamente y soltó: “¡Hay problemas!”. Y se fue.

Volvía a entrar gente, sellaban, se iban… y las horas seguían pasando. Dos horas más tarde (ya llevábamos cuatro allí), desesperados y sin noticias, me acerqué a la oficina a preguntar qué ocurría. La misma chica que me había atendido en inglés cuatro horas antes, me miró fijamente y me dijo en inglés que no hablaba inglés. Me quedé perpleja.

Aquel puesto de control era una especie de zulo formado por dos contenedores metálicos repletos de carteles informativos en ruso. Sin cobertura en los teléfonos, ni siquiera podíamos usar el traductor. La impotencia empezaba a pesar.

A las 18:00 h, ya realmente preocupados, reapareció el joven del flequillo. Me dijo que pasara sola a un cuartillo. Llevaba en la mano un tocho de folios escritos en ruso. Le habló al micrófono de su teléfono (él sí tenía cobertura) y me puso el audio traducido al español: el artículo tal de la ley rusa de no sé qué decía que habíamos cometido una infracción administrativa porque nuestro visado no era correcto. Que nos aplicaban la multa más baja, pero que debíamos regresar al consulado en Kazajistán para que nos dieran un nuevo visado.

Os podéis imaginar cómo me quedé después de 7 horas de incertidumbre. Le pregunté a qué infracción se refería exactamente, y su única respuesta fue volver a darle al play del audio mientras miraba al techo. Lo peor vino después: me plantó delante el taco de papeles en ruso para que los firmara sin saber qué ponía. Al preguntarle, me dijo a través del traductor “es lo que dice la norma del audio”. Seguidamente llamó a Manolo y repitió exactamente la misma operación. Ni siquiera nos dieron una copia. Nos acompañó hasta Wally (nuestra fiel moto) y nos dijo que ya nos podíamos ir.

Eran las 22:00 h. Noche cerrada y un frío del carajo. Nos tocaba deshacer el camino y volver a entrar a Kazajistán.

Al llegar al control kazajo nos preguntaron qué había pasado. Se lo explicamos y simplemente se encogieron de hombros… supongo que nos vieron la cara de derrotados. El policía cogió los pasaportes y nos pidió que esperáramos mientras hablaba con su superior. A los 10 minutos vino el jefe, otro chico joven, pero con cara de buena gente (o al menos así lo percibí en medio del agotamiento). Nos dijo con mucha sensatez que era muy tarde para regresar a Semey —un trayecto de dos horas por carreteras peligrosas, de mal asfalto y llenas de animales sueltos por la noche— y se ofreció a llevarnos a una pensión humilde a 10 minutos de allí.

Aceptamos encantados. Manolo se fue rodando en la moto y el jefe me llevó a mí en el asiento trasero de su coche.

Llegamos a la pensión y… bueno, era para ponerse a llorar. Dormimos en un sofá cama vencido, en una habitación compartida y sin opción a cambiarnos de ropa.

Pero la noche aún nos guardaba una última sorpresa: a las dos de la mañana, cuando por fin intentábamos conciliar el sueño, la policía kazaja apareció de repente en la habitación buscándonos. Despertaron a Manolo y le hicieron una entrevista para entender los motivos exactos de nuestra devolución desde Rusia: cuál era nuestra ruta, de dónde veníamos, a dónde nos dirigíamos... Al terminar la entrevista, hicieron una llamada por teléfono a algún superior para dar el parte y, finalmente, se marcharon amablemente.

La noche se hizo larguísima, pero fue infinitamente más segura que haber arriesgado la vida en la carretera. Desde aquí quiero dejar un mensaje de profundo agradecimiento a este policía kazajo que se interesó de verdad por dos viajeros perdidos e hizo todo lo que estuvo en su mano para ayudarnos.

Esta mañana hemos regresado a Semey. Hemos aprovechado para visitar algunos rincones que nos quedaron pendientes ayer, nos hemos regalado una pizza de escándalo para reponer fuerzas y… nos hemos puesto manos a la obra para replanificar la ruta.

Porque esto también es viajar en moto. Las fronteras se cierran, los planes cambian y los mapas se rediseñan sobre la marcha, pero la carretera sigue ahí esperándonos. ¡La aventura continúa!​


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Vaya experiencia de frontera Demio. Como profesional de la extranjería me hubiera gustado saber cual fue el problema si es que hubo uno real. Que esa es otra, menuda indefensión, sin traducción, sin explicaciones, sin copia de nada....
 
Vaya experiencia de frontera Demio. Como profesional de la extranjería me hubiera gustado saber cual fue el problema si es que hubo uno real. Que esa es otra, menuda indefensión, sin traducción, sin explicaciones, sin copia de nada....

Aún seguimos nosotros preguntándonos cual fue el problema... Aunque todos tengamos una idea aproximada...

íbamos con los deberes hechos en cuanto a documentación... visados de 90 días y en fechas, pasaportes con más de seis meses a caducar, seguro médico específico para ese país, seguro a terceros para la moto, también específico para ese país, carnet de conducir internacional, reservas de hoteles durante los días que ibamos a utilizar para el tránsito a Mongolia, ruta detallada de paso hacia Mongolia...

Todo lo necesario según su web de extranjería.

Solo nos dijeron que no reuníamos los requisitos para entrar.....
 
(...)
Solo nos dijeron que no reuníamos los requisitos para entrar.....

Un atropello en toda regla contra lo que no hay nada que hacer. Qué lamentable todo y más cuando ya estabais en Kazajistán, país que al igual que Rusia y Kirguistán, pertenece a la UEE (Unión Económica Euroasiática), lo que hace que la aduana y la importación temporal te vale el de uno de ellos para el resto siendo necesario sólo el control de documentación y visado, por eso la gente pasaba tan rápidamente como decíais y por eso es todavía más clamoroso el abuso sufrido.

En fin, ya nos contareis qué otros lugares o rutas hicisteis.

Por lo demás, fantásticas imágenes de Semey (aunque os quedaría una sensación que tardaríais días en digerir)...

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¡Menuda odisea y qué mal trago pasasteis en la frontera con Rusia! Siete horas de incertidumbre, indefensión absoluta y tener que firmar papeles sin traducir es un atropello en toda regla.

Menos mal que os topasteis con la hospitalidad del jefe kazajo para no arriesgar por la noche. Esto también es parte de la aventura; las fronteras se cierran pero las rutas se rediseñan.

¡Mucho ánimo con la nueva planificación, os seguimos leyendo con ganas!
 
Un atropello en toda regla contra lo que no hay nada que hacer. Qué lamentable todo y más cuando ya estabais en Kazajistán, país que al igual que Rusia y Kirguistán, pertenece a la UEE (Unión Económica Euroasiática), lo que hace que la aduana y la importación temporal te vale el de uno de ellos para el resto siendo necesario sólo el control de documentación y visado, por eso la gente pasaba tan rápidamente como decíais y por eso es todavía más clamoroso el abuso sufrido.

En fin, ya nos contareis qué otros lugares o rutas hicisteis.

Por lo demás, fantásticas imágenes de Semey (aunque os quedaría una sensación que tardaríais días en digerir)...

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Correcto, es parecido a la comunidad europea, aunque allí no existe algo similar al espacio Schengen, en el que el transito de personas y mercancías es libre, pero el proceso es mucho mas ligero para ellos.

Si, eso a mi personalmente me dejó con sabor agridulce, te rompen un esquema trabajado durante meses y te obligan a cambiar el chip del viaje sobre la marcha. Lo bueno es compartir esos momentos con otra persona que te conoce y sobre todo como ella dice en su perfil de whatsapp "optimista por naturaleza" eso hace que te repongas antes del mal momento.
 
¡Menuda odisea y qué mal trago pasasteis en la frontera con Rusia! Siete horas de incertidumbre, indefensión absoluta y tener que firmar papeles sin traducir es un atropello en toda regla.

Menos mal que os topasteis con la hospitalidad del jefe kazajo para no arriesgar por la noche. Esto también es parte de la aventura; las fronteras se cierran pero las rutas se rediseñan.

¡Mucho ánimo con la nueva planificación, os seguimos leyendo con ganas!

Si, es cierto, ese hombre nos llevó al alojamiento y antes de llegar paró en una pequeña tienda junto a la carretera, allí compre agua y unos yogures para cenar y el compro un par de minipizzas para nosotros, una botella grande de cocacola y unos snack, a la hora de pagar mi intención era pagar yo todo, pero no me dejó. En el alojamiento, no se marchó hasta que nos vio ya acomodados.
 
Día 10: de Semey a Pavlodar

Hay trayectos que no se miden en kilómetros, sino en las historias que nos cuentan. Dejamos atrás la huella silenciosa y la memoria doliente de Semey, ligada al hecho de haber sido el epicentro del programa de pruebas nucleares de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, para adentrarnos en la inmensidad de las estepas, allí donde la tierra se abraza con el horizonte.

Durante el viaje hacia Pavlodar, la vista parecía perderse en un mar infinito de tonos dorados, bajo una bóveda azul donde las nubes avanzaban lentas, como un manso rebaño de ovejas por la vasta estepa del cielo, vistiendo de lana blanca la serenidad del aire.

Nos detuvimos en el único punto de vida y café en más de doscientos kilómetros de nada. Al cruzar la puerta nos atendió una anciana de mirada curiosa que intentaba desgranarnos el menú sin demasiado éxito. En un perfecto y fluido kazajo, comenzó a interrogarnos sobre de dónde veníamos y hacia dónde íbamos, la familia etc.. Le respondimos con sonrisas, gestos y toda la amabilidad posible, sosteniendo esa entrañable conversación sin idioma hasta que, finalmente, quedó satisfecha con nuestras respuestas.

Al llegar a Pavlodar, la ciudad nos acogió con una calma que te reconforta por dentro. Nuestro recorrido nos llevó primero ante la impresionante Mezquita Mashkhur Zhusup, con sus minaretes alzándose orgullosos y sus tonos azul turquesa desafiando al propio cielo. Muy cerca de allí, la Catedral de la Anunciación nos regaló la belleza serena de sus cúpulas doradas, recordando que en este rincón del mundo la fe y las culturas conviven en un abrazo armónico.

Pasear por el centro fue como hojear un libro de recuerdos: nos detuvimos a admirar las encantadoras casas típicas antiguas, de madera tallada y ventanas llenas de detalles, y nos cruzamos con la sobria elegancia del teatro, verdadero corazón cultural de la ciudad.

El destino nos tenía reservado el mejor regalo al caer la tarde en el paseo a orillas del río Irtysh. Mientras caminábamos bordeando la corriente, el aire se llenó de vida: un concierto al aire libre de folclore kazajo envolvía el ambiente. El repique tradicional de las cuerdas del dombra mezclado con el murmullo del agua y la calidez de la gente convirtió el atardecer en pura magia.

Son estos instantes inesperados los que le dan sentido a cada kilómetro recorrido.

Mañana pondremos rumbo a "Aranâ", la capital de Kazajistán. Os espero

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(...) habíamos cometido una infracción administrativa porque nuestro visado no era correcto. Que nos aplicaban la multa más baja, pero que debíamos regresar al consulado en Kazajistán para que nos dieran un nuevo visado.

Imagino que valoraríais esa posibilidad: obtener un nuevo visado, incluso intentar entrar por otro sitio: p. ej. Zhelezinka (dirección Omsk) ya que un nuevo visado igual os dicen que sí, pero en 7 días (o 10, 15, etc... teniendo en cuenta sus protocolos).

En fin, seguro que hicisteis todas las cábalas y optasteis por lo más conveniente.

Bonitas imágenes de Pavlodar (y)

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Imagino que valoraríais esa posibilidad: obtener un nuevo visado, incluso intentar entrar por otro sitio: p. ej. Zhelezinka (dirección Omsk) ya que un nuevo visado igual os dicen que sí, pero en 7 días (o 10, 15, etc... teniendo en cuenta sus protocolos).

En fin, seguro que hicisteis todas las cábalas y optasteis por lo más conveniente.

Bonitas imágenes de Pavlodar (y)

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Lo del visado, fue una excusa, el que llevaba era de la Embajada de Madrid, además de que como tu bien dices, era perder una semana minimo, si no mas, visto el tiempo que nos tubieron en frontera esperando una respuesta que estaba decidida antes de llegar....

Y entrar por otra frontera, entendiamos que nuestros datos ya estaban registrados en los servidores fronterizos y por lo tanto, nos darían la vuelta de nuevo, además que subir suponía invertir mas tempo en el recorrido y este, estaba muy medido.
 
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